Crecimiento espiritual, oración y meditación

oración¿Qué dicen las lecturas de Edgar Cayce sobre el crecimiento espiritual, la oración y la meditación?

Uno de los temas fundamentales de las lecturas se refiere a nuestra relación con la Fuerza Creadora. Por esta razón, durante once años, de 1931 a 1942, Edgar Cayce dictó una serie de ciento treinta lecturas a un grupo de personas interesadas en las leyes espirituales (el Grupo de Estudio n.° 1). Al principio, ciertos miembros del grupo sólo querían aprender a desarrollar sus poderes psíquicos. Cayce les dijo que, más bien, debían esforzarse por progresar espiritualmente. Les explicó que, según sus necesidades personales y el motivo de su presente encarnación, sus facultades extrasensoriales resultarían de su perseverancia en analizar y poner en práctica los principios universales.

La información compilada por el Grupo de Estudio n.° 1 a partir de esa serie de lecturas dio lugar al libro “En busca de Dios”, el cual expone conceptos espirituales aplicables en la vida cotidiana. El mismo nos despierta a la verdad, nos hace entender nuestra auténtica naturaleza divina y nos conduce hacia la Luz. Nos revela el propósito de la existencia y nos ayuda a cumplir nuestra misión en la tierra. Nos brinda paz, esperanza y la sublime felicidad de sentirnos en armonía con el Creador y con nuestros semejantes. Mostrándonos que formamos parte de Dios y somos uno en Él, nos alienta a contribuir a la edificación de un mundo mejor y a convertirnos en nobles instrumentos de la voluntad del Señor, en puras expresiones del amor universal. Los preceptos que ofrece han sido acogidos por gente de todas las tendencias religiosas. Continúan inspirando y transformando a innumerables personas, permitiéndoles elevar su nivel de conciencia a través de la oración, la meditación, la cooperación, la fe, la paciencia y el altruismo. Hoy en día, existen en el mundo muchos ‘grupos de estudio’ – nombre genérico de los grupos de discusión que se reúnen semanalmente para profundizar en los temas abordados en las lecturas de Edgar Cayce.

Según Cayce, somos seres espirituales actualmente encarnados en la tierra. En efecto, el hombre no es un cuerpo físico dotado de un alma, sino un alma que se encuentra en la materia a fin de sacar provecho de sus experiencias y de retornar a la Fuente suprema. En la Biblia también, vemos que el ser espiritual (Génesis 1) fue creado antes que el ser físico (Génesis 2). Puesto que comprender y manifestar nuestra verdadera relación con Dios y la Creación constituyen la finalidad de nuestra presencia sobre la tierra, deberíamos meditar regularmente. Notemos que Cayce ya mencionaba y recomendaba la meditación en 1921, cuando la mayoría de la gente en el mundo occidental ni siquiera sabía lo que era. Se empezó a hablar de la misma en los años 1970, aunque para muchos siguió siendo una noción extraña, propia de las religiones orientales. Desde entonces, abundantes investigaciones clínicas han demostrado su influencia positiva sobre la salud y el bienestar en general. Numerosos médicos la reconocen ahora como una manera eficaz de reducir la hipertensión arterial, de disminuir el estrés y de lograr más serenidad.

meditación

Meditar consiste en aquietar el cuerpo y la mente, y en cesar de concentrar nuestra atención en el mundo exterior, a fin de unirnos a Dios en el silencio de nuestro santuario interior. La meditación actúa favorablemente en el plano físico, relajando el cuerpo; en el plano mental, calmando los pensamientos y las ansiedades; y en el plano espiritual, renovando la energía vital y estimulando nuestros atributos divinos. Esto nos permite llevar una existencia más útil, mejorar nuestras relaciones con las personas que nos rodean y enfrentar con ánimo las dificultades que se presentan. Al dedicar cada día un rato a liberar la mente de las múltiples preocupaciones que la asaltan, vamos recobrando la plena conciencia de nuestra esencia divina. Podemos decir que orar es dirigirnos a Dios y hablarle, mientras que meditar significa escuchar a Dios, dejando que nos instruya y nos guíe la parte de nuestro ser que se halla en constante comunión con el Infinito.

Aplicando algunas reglas sencillas, la meditación está al alcance de todos, e incluso los principiantes perciben los efectos beneficiosos de un período de silencio motivado por un ideal elevado.

  • La primera etapa requiere que se adopte una posición confortable; por ejemplo, sentarse en una silla, con la espalda recta, los pies planos en el suelo, los ojos cerrados y las manos en el regazo o a los costados. Empezar a relajarse efectuando respiraciones lentas y profundas – inspirar hondo y retener un poco el aire en los pulmones antes de espirar despacio. Al mismo tiempo, ir buscando con la mente las tensiones existentes en el cuerpo, y sucesivamente eliminarlas usando la imaginación o masajeando las zonas correspondientes con la yema de los dedos.
  • La segunda etapa radica en concentrarse en un pensamiento pacífico e inspirador, llamado ‘afirmación’: por ejemplo, “la paz me envuelve y reina en mí”, “estoy en un estado de relajación total”, un versículo de la Biblia, un aforismo espiritual como “Dios es Amor”. Conviene impedir que la mente vagabundee o se extravíe en las tareas a desempeñar, lo que acaba de ocurrir en el trabajo, u otras consideraciones. Después de reflexionar sobre el mensaje de la afirmación, analizando cada palabra con cuidado, es necesario impregnarse de su significado. En efecto, las impresiones experimentadas en el ser interior impactan mucho más que las palabras mismas. Así, no basta con repetir “Dios es Amor”, pues es el sentimiento que acompaña esta aserción el que le da su fuerza y su amplitud.
  • La tercera etapa representa la meditación en sí. Consiste en permanecer en silencio, sumergiéndose en los sentimientos producidos por la afirmación. En cuanto la mente se desvía, es indispensable volver a concentrarse, primero en el sentido de las palabras de la afirmación y luego en los sentimientos que éstas suscitan. No desalentarse si la mente divaga: poder fijar la atención en un solo pensamiento exige tiempo. Al principio, observar períodos de silencio de unos cinco minutos, pero ir aumentándolos hasta quince o veinte minutos después de cierto entrenamiento.
  • La cuarta etapa precisa que se envíen buenos pensamientos u oraciones a otras personas antes de concluir la sesión de meditación. Por ejemplo, en el caso de haber elegido el amor como tema central, dirigir este sentimiento hacia los seres queridos y quienquiera que lo necesite.

Practicándola cotidianamente, la meditación se hace cada vez más fácil, y la quietud que emana de esos momentos de concentración silenciosa y de recogimiento se refleja en todos los aspectos de la vida.

A diferencia de quienes sostienen que la mente debe quedar inactiva, porque se deja distraer y altera el proceso de meditación, Cayce declara en las lecturas que el poder creador de la mente puede utilizarse de manera adecuada para alcanzar un alto grado de armonización con la Fuente Universal.

Meditar regularmente propicia la curación física, mental y espiritual. Gracias a las afirmaciones constructivas que empleamos y al ideal que mantenemos durante la meditación, nuestras tendencias negativas desaparecen, siendo reemplazadas por actitudes más positivas.

Por lo general, desperdiciamos horas en ocupaciones que ningún beneficio nos aportan, mientras que un ratito reservado a la oración y a la meditación nos proporcionaría más paz, alegría y plenitud que cualquier otra actividad. Busquemos primero el reino de los cielos, que está dentro de nosotros. La palabra y las promesas divinas son eternas: invoquemos al Señor, sabiendo que somos el templo del Dios viviente, que el Todopoderoso reside en nuestro santuario interior.[1] En el silencio de la meditación, una vez relajado el cuerpo, serena la mente y olvidadas las preocupaciones, nos abrimos a nuestra naturaleza espiritual y nos unimos a la Fuerza Creadora.

Las lecturas de Edgar Cayce subrayan que todos deberíamos meditar, pues la comunión con Dios es primordial. En efecto, el alma, nuestro ser superior, no se complace sino en lo divino y aspira a morar en el seno del Creador. La meditación asidua nos ayuda a comprender y manifestar nuestra relación íntima con el Señor, a aplicar los principios universales en la vida diaria, a distinguir la omnipresencia de Dios, y a prepararnos para que la transición que llamamos muerte constituya un paso adicional hacia el entendimiento cada vez más perfecto del Padre.[2]

1. Véase “En busca de Dios”, libro 1; capítulo “La meditación”; edición 1998, p. 23.
2. Véase “En busca de Dios”, libro 1; capítulo “La meditación”; edición 1998, p. 24.

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Consejos a los padres de niños que narran memorias de vidas pasadas

por Jim B. Tucker, MD

Un niño llamado Joey habló repetidas veces de cómo su “otra madre” se había muerto en un accidente de coche. Una noche cuando estaba cenando y tenía cerca de cuatro años, se levantó de la silla y se puso pálido al mirar intencionadamente a su madre y dijo, “Tú no eres mi familia –mi familia está muerta.” Joey lloro calladamente por un minuto al mismo tiempo que una lagrima le caía de su mejilla, luego se volvió a sentar y continuo con su comida. Sus padres –y su invitado se sentaron perplejos.

de niños que narran memorias de vidas pasadasEn la universidad de Virginia, en la División de estudios de percepción, hemos investigado más de 2.000 casos en los que niños jóvenes hablan de memorias de vidas pasadas. Los padres nos piden consejo a menudo para sobrellevar las afirmaciones de estos niños. Aunque cada caso presenta diferencias individuales podemos ofrecer una guía general que puede ser beneficiosa.

Primero, es importante saber que estas afirmaciones no indican por sí mismas que haya una enfermedad mental. Nosotros hemos hablado con muchas familias en las que el niño asegura recordar a otros padres, otra casa, o una muerte previa y los niños raras veces muestran problemas mentales. Estas afirmaciones son hechas generalmente por niños cuyo desarrollo parece ser similar al de otros niños. Pueden ocurrir en familias que creen en la reencarnación o en familias en las que la idea de la reencarnación nunca ha sido considerada antes de que los niños comenzaran a hacer esas declaraciones.

Cuando los niños hablan de una vida pasada, los padres a veces dudan en cómo responder. Nosotros les recomendamos a esos padres que estén abiertos a lo que los niños les digan. Algunos de esos niños muestran mucha intensidad emocional en estos temas y los padres deben respetar al oírlos como si estuvieran escuchando otros temas tratados por los niños.

Cuando un niño habla de una vida pasada, nosotros les sugerimos a los padres que eviten hacer muchas preguntas. Esto puede enojar al niño y, más importante desde nuestra perspectiva, podría estimular al niño a imaginar respuestas a las preguntas. En este sentido sería difícil o imposible separar las memorias de la fantasía. Sin embargo pensamos que está bien hacer preguntas generales y abiertas como “¿Te acuerdas de algo más?  Y, es ciertamente positivo enfatizar con la declaración del niño (“Eso debió de ser terrible” cuando por ejemplo un nino describe un accidente mortal.)

Nosotros animamos a los padres a que escriban las declaraciones sobre una vida pasada que hayan hecho sus hijos. Esto es especialmente importante en casos en los que los niños dan suficiente información de modo que una persona muerta que estén describiendo pueda haber existido. En esta situación habiendo grabado dichas declaraciones con tiempo es crítico a la hora de ofrecer la mejor evidencia de que el niño realmente ha vivido memorias de una vida pasada.

Al mismo tiempo los padres no deben obsesionarse con las confesiones de los niños hasta el punto de olvidarse del hecho de que su vida actual es lo más importante ahora. Si los ninos persisten en decir que quieren a su antigua familia o su antigua casa puede ser beneficioso explicarle que a pesar de que han tenido otra familia en una vida anterior, su familia actual es la que tienen ahora. Los padres deben reconocer y valorar lo que los niños les han dicho al mismo tiempo que deben dejarles claro que la vida pasada está realmente en el pasado. Nosotros no recomendamos que los niños se sometan a hipnosis regresivas de vidas pasadas.

Los padres a veces se enojan más por las declaraciones de los niños que los niños. Oír a un niño describir la experiencia de morir de manera dolorosa o difícil puede ser duro, pero ambos padres y niños pueden saber que el niño está a salvo ahora en esta vida. Algunos padres pueden encontrar confort al saber que la vasta mayoría de estos niños dejan de hablar de una vida pasada cuando tienen siete u ocho años. Esta es la edad en la que los niños van a la escuela y también es la edad en la cual pierden sus memorias de la primera infancia, y la mención sobre una vida pasada se evade junto con sus memorias. Muy raramente, estas memorias persisten hasta la adolescencia o la vida adulta, aunque con menos intensidad que durante los años jóvenes. En muchos casos, sin embargo, a medida que los niños se hacen mayores no se acuerdan siquiera de haber hablado de una vida pasada.

En general, los padres encuentran más relevante las declaraciones de los niños sobre vidas pasadas que los propios niños, para los cuales las aparentes memorias son simplemente parte de la experiencia de la vida. Los niños abandonan luego esas memorias para vivir una infancia típica.

Blog from OpenCenter.org reprinted by permission of the author. Also published by A.R.E. in English here: http://www.edgarcayce.org/are/blog.aspx?id=10328&blogid=445.

Jim B. Tucker, MD es catedrático (Bonner-Lowry) de psiquiatría y ciencias neurológicas del comportamiento por la Universidad de Virginia. El profesor Tucker continúa el trabajo de investigación del doctor Ian Stevenson en la UVA en la División de Estudios de Percepción con niños que reportan memorias de vidas pasadas. Su primer libro de investigación La vida antes de la vida: Una investigación científica de memorias de niños de vidas pasadas ha sido traducido a diez idiomas. Su libro más reciente, Vuelta a la Vida: Casos extraordinarios de niños que recuerdan vidas pasadas, narra historias de casos americanos recientes. Su página web es JimBTucker.com.

Espiritualidad Evolutiva y el trabajo de Edgar Cayce

por Lynn Sparrow Christy

Adaptado de su artículo “ La Nueva Nueva Era : Re -descubriendo las cualidades de vanguardia del trabajo de Edgar Cayce” octubre – diciembre 2013 Venture Inward, los miembros pueden leer el artículo completo en línea en EdgarCayce.org / members.

Edgar CayceA medida que el movimiento de la Nueva Era tomó impulso durante las últimas décadas del siglo XX, Edgar Cayce comenzó a sonar bastante aburrido para muchas personas. Busque una vida de servicio; elimine las tendencias hacia el egoísmo en sus patrones de pensamiento y comportamiento; atienda la salud de su cuerpo con una alimentación cuidadosa, ejercicio y otros estilos de vida; establezca un ideal con el que puedas vivir, realice sus actividades normales de la vida; forme grupos intencionales para fortificar su determinación y sígalos; haga una diferencia en su mundo; ore; medite – ninguno de estos factores tenía el factor sorpresa que parecía alimentar la cultura popular de la Nueva Era. ¿Qué pasa con las experiencias de los estados alterados de conciencia? ¿Qué pasa con grandes logros psíquicos? ¿Qué pasa con el contacto con entidades que figuran en los planos superiores? ¿Qué pasa con el poder de las piedras y los cristales? Aunque las lecturas de Cayce abordan todas estas cosas y en mayor profundidad y sofisticación considerable, a menudo estaban enmarcadas como material para principiantes, simplemente porque no hacen hincapié en el aspecto fenomenal de la senda espiritual.

Si tomamos el tiempo necesario para observar, nos daremos cuenta de que el material de Cayce está a la vanguardia de algunas de las novedades más importantes de la escena espiritual contemporánea. Porque, así como la explosión popular de interés de la Nueva Era en el siglo XX creaba más críticas por su tendencia hacia el pensamiento un tanto narcisista y mágico, otras influencias estaban creciendo junto a él. Influencias que tomaron lo mejor del floreciente despertar espiritual y se asieron a la ciencia, la filosofía, la antropología y la sociología. Influencias que ahora se unen para formar una espiritualidad amplia y prometedora para el siglo XXI que es a la vez “integral” y “evolutivo” en la forma en la que se recurre a diversas fuentes de conocimiento y sabiduría, a fin de participar de manera creativa con un cosmos en evolución, mundo, y la psique humana, una nueva New Age que ha madurado en comparación con su contraparte tardía de finales del siglo XX. Y resulta que la obra Cayce estaba allí todo el tiempo.

Espiritualidad Evolutiva

Al igual que el integrismo, el enfoque ” evolutivo ” hacia la espiritualidad promete reformar la manera en que pensamos acerca de nuestro lugar en este mundo. Para apreciar su impacto, es importante reconocer que la espiritualidad evolutiva va más allá del concepto secular de la evolución del alma, lo que pone en la tierra como el lugar  adonde venimos para aprender lecciones, crecer y trabajar a través de nuestro karma. Desde esta perspectiva, el plano de la tierra a menudo es en el mejor de los casos poco más que la escuela del alma y en el peor de los casos, la prisión de la ilusión de la que tratamos de escapar a la mayor brevedad posible.

Por el contrario, desde el punto de vista evolutivo, la oportunidad de la encarnación tiene tanto que ver con la evolución del cosmos así como con nuestro propio desarrollo. Y la mayoría de los pensadores evolucionistas apuntan a la conciencia humana como la frontera actual de la evolución tal como se manifiesta aquí en la tierra. La fuente divina de la que surgimos tiene una unidad irrefrenable de crear, y estamos en el límite de los avances de la creación continua. Nuestra función principal es la de co -creador y el teatro de nuestra operación creativa es aquí, en este mundo tridimensional de la forma.

The English version of this blog is available here: http://www.edgarcayce.org/are/blog.aspx?id=9456&blogid=445

Lynn Sparrow ChristyLynn Sparrow Christy es profesora, escritora y entrenadora de hipnoterapia. Con más de 40 años de experiencia en enfoques tradicionales y alternativos a la espiritualidad y al crecimiento personal, Lynn se ha comprometido a ayudar a los buscadores espirituales de hoy para que encuentren vías auténticas y prácticas para el crecimiento. Su último libro, publicado recientemente por A.R.E. Press, aborda los aspectos “evolutivos” de las lecturas de Cayce Más allá del Crecimiento del Alma: Despertar a la convocatoria de la Evolución Cósmica.

Siente el poder de las afirmaciones

 statementspor John Van Auken

De toda la maravillosa orientación que se crea a través de la sintonía de Edgar Cayce con la Conciencia Universal, el uso de una afirmación es único. Las afirmaciones pueden ayudarnos a cambiar nuestra mente, estado de ánimo y salud y llegar a nuevos niveles de conciencia y felicidad. Él les dio más de un centenar de afirmaciones a las personas que buscaban ayuda física, mental o espiritual.

Desde su perspectiva, una afirmación es un ideal estructurado en un comunicado poderosamente sugerente. Él nos enseñó a articular (en voz alta o en silencio) la afirmación, asegurándose de mantener una conciencia del significado de las palabras, y a hablar con una actitud positiva y con expectativa, hasta que la totalidad de nuestro ser mental se viera influenciada positivamente por el significado. Él sugirió que la afirmación se repitiera de tres a cinco veces, pero el objetivo era lograr una “respuesta positiva completa” desde la parte mental de nuestro ser. Prueba esto. Funciona.

He seleccionado tres de las afirmaciones de Cayce, que se encuentran al final de este artículo. La primera estaba destinada a apoderarse de los deseos, necesidades y actitudes que todos experimentamos en la vida para moverse hacia una condición más superior, más universalmente en sintonía, lo que resulta en una mayor armonía y felicidad en nuestras vidas. Después de compartir esta afirmación, Cayce instruyó fuertemente a la persona a “que lo dejara en sus manos” en lugar de seguir preguntando y dudando en ansiosa espera de resultados inmediatos.  Él quería que la gente sintiera el poder de la afirmación de su yo mental y luego dejarlo ir libre. La razón de esto, explicó, era que las  “fuerzas invisibles” son más poderosas que las que se ven y funcionan de una manera especial. Las fuerzas invisibles funcionan mejor cuando tenemos fe en ellas, una fe demostrada se muestra al permitir trabajar en su camino mágico a través de nuestros cuerpos, mentes, corazones y vidas. Él dijo que el espíritu de la paciencia, la esperanza y la alegría son el suelo fértil en el que las fuerzas invisibles pueden manifestar sus milagros.

La segunda afirmación fue diseñada para ayudar a una persona a encontrar la mejor manera de ser un canal de bendición para otros. Cayce explicó que la frase “entrando y saliendo de mi” (Éxodo 28:35) se refiere a ir al Lugar Santo en nuestro interior, donde Dios se encuentra con nosotros, y sale del santuario de las relaciones con los demás y nuestro trabajo exterior. La ida ocurre en su mayor parte durante el sueño, la oración, la meditación y los momentos de reflexión y tranquilidad.

La tercera afirmación fue diseñada para conectarnos con lo que Cayce llamó “la conciencia de Cristo”, un estado de ánimo y perspectiva que mejor canaliza la energía de la luz y el amor en y a través de nosotros – un excelente estado para experimentar.

“Que mi deseo y mis necesidades estén en Tus manos, Tú [eres el] Hacedor, [el] Creador del universo y de todas las fuerzas y poderes en el interior! Y yo puedo cumplir con mi actitud, mi propósito, mi deseo, a ese Tú que tiene como actividad para mí. ¡Y dejarlo con él, e ir a trabajar!” – 462-8

“Señor, aquí estoy! Úsame en los caminos que Tú sabes que son los mejores. Que mi entrada y salida de mí siempre sea aceptable a Tus ojos, mi Señor, mi Fuerza y mi Redentor “-. 2803-3

“Deja que la mente esté en mí que estaba en Él, que sabía que de Él mismo no podía hacer nada, sin embargo, en el poder de la luz del Padre de todos que pueda yo, que puedan todos, llegar a conocer Su amor mejor. Tu voluntad, oh Padre, que se haga en mí ahora mismo “-. 436-3

Para más información sobre los Ideales, vea el artículo “La importancia de los ideales”, de Kevin J. Todeschi.

This blog is also available in English at EdgarCayce.org/blog.

John Van Auken, es un orador de renombre internacional, miembro desde hace mucho John Van Aukentiempo y actual Director de ARE. Es autor de numerosos libros, entre ellos De Karma a Gracia y su libro más reciente, 2038: La Gran Pirámide. Cronología de una Profecía, y es colaborador habitual de la revista Venture Inward. Él es un reconocido experto en las lecturas de Cayce, la Biblia, las profecías antiguas, las religiones del mundo, y la meditación.

La promesa del angel

by Joseph Millard

Su tía tomó una pensionista en su casa, una hermosa joven llamada señora Ellison. Era una mormona devota que había sido maestra de escuela. Se decía que había sido una de las esposas de Brigham Young, un líder carismático de los mormones, antes de que la poligamia fuera declarada ilegal. Una vez superada la conmoción inicial, los padres de la comunidad reunieron fondos y la contrataron para que abriera una escuela. La tía le permitió usar una habitación de la casa para las clases, y fue allí donde Edgar tuvo su primer choque frontal con el amor y el alfabeto.

Fue el caso típico del alumno que se enamora por primera vez debido a que tiene una maestra encantadora y comprensiva. Bajo el influjo de este amor, las primeras píldoras de conocimiento fueron administradas sin ninguna resistencia. La señora Ellison descubrió el interés apasionado del niño por la Biblia y avivó este interés con su propio fervor. Después del horario de clases y por las noches le leía historias bíblicas y conversaban largamente y con franqueza sobre el significado de los versículos. Fue el primer contacto de Edgar con la teología, y parecía quen ada le resultaba suficiente.

—Voy a ser predicador —le dijo con toda sinceridad—, y voy a proclamar la Biblia ante todo el mundo. Pero también me gustaría ser médico, para curar a los enfermos. En realidad, me gustaría poder ser las dos cosas.

—Es posible —le aconsejó la maestra—. Hay medicos misioneros que viajan a países lejanos y se ocupan al mismo tiempo de los cuerpos enfermos y de las almas paganas.

—Entonces eso es lo que me gustaría ser —aseguró Edgar con firmeza.

Para la primavera, podía leer lo suficientemente bien como para leer por sí mismo, aunque con algo de trabajo, algunas historias bíblicas. La señora Ellison cerró su escuela y se fue del pueblo en busca de mejores oportunidades, pero las semillas que había sembrado en la mente del niño habían prendido y estaban echando brotes. A Edgar lo obsesionaba el objetivo de sanar tanto los cuerpos como las almas. Una docena de veces por día se escabullía por el bosque para orar por su concreción.

El niño no tenía amigos íntimos de su edad, ni le interesaban los juegos que ellos disfrutaban. El contacto más cercano que tenía con algunos era a través de los puños. Cualquier niño que mostrara el escepticismo del apóstol Tomás podía desencadenar una explosión del temperament violento que lo iba a atormentar durante toda su vida.

Edgar tenía la firme y simple convicción de que todo lo que se encontraba en la Biblia era verdadero en forma literal y que permanecía inalterable a través de los siglos. Los milagros de antaño todavía eran posibles en personas de fe, y su fe era inquebrantable. «Bueno, pero eso ocurrió hace muchísimo tiempo», razonaba alguno de los niños. «Todos saben que ya no existen los milagros. Edgar, tú podrás orar hasta perder el aliento, pero nunca lograrás que un ciego vea o que un paralítico camine. Tú no puedes hacerlo». «¡Sí que puedo!», gritaba Edgar mientras comenzaba a atacarlo a puñetazos para demostrarle que estaba en lo cierto.

La escuela, bajo una interminable sucesión de maestros y maestras, se convirtió en una gran lucha para el muchacho larguirucho y taciturno. Sin el aliento y encanto de la señora Ellison, Edgar avanzó a grandes pasos hacia el logro del récord de llamadas de atención del condado de Christian. Pasaba más tiempo en el rincón de castigo que en su propio pupitre. No es que fuera lerdo o rebelde, simplemente no podía evitar sumergirse en un mundo propio, alejado del salón de clases y de sus problemas. La lectura era la única asignatura en la que mostraba progresos, debido a que pasaba cada minuto de su tiempo libre leyendo la Biblia de su madre.

Al menos en esto Edgar contaba con la aprobación absoluta de su padre el Juez. Finalmente le regaló al niño su propia Biblia. Edgar nunca olvidaría aquel día memorable: el 14 de enero de 1887, dos meses antes de su décimo cumpleaños.

La familia había vuelto a unirse después de la dispersión. La abuela tenía una casa nueva y confortable. Los hermanos del Juez, que eran varios, habían ido a darle una mano para construir una casa más pequeña para su familia en el bosque junto a la casa grande. Una de las consecuencias de esta reunión fue que Edgar comenzó a ir a la iglesia con su familia. Lo que para otros muchachos era un suplicio resultaba para él una fuente inagotable de gozo. Asistían a la iglesia cristiana, una rama que se separó de la iglesia presbiteriana junto con los campbellitas; tan rotundamente fundamentalista como los baptistas más intransigentes.

Para ese entonces a Edgar se le ocurrió el proyecto de leer la Biblia de principio a fin al menos una vez por cada año de su vida. Al comienzo tenía la tendencia de evitar las interminables genealogías, pero a su debido momento comenzó a interesarse incluso en el linaje de sus héroes.

Para su decimotercero cumpleaños se había puesto al día y ya tenía bien avanzada su decimotercera lectura. Nunca se aburría, porque cada nueva lectura le permitía obtener nuevas perspectivas de pensamiento y le revelaba nuevos puntos de vista que no había descubierto anteriormente y que le entusiasmaban.

Con fe implícita, oraba cada día para obtener el poder de curar y nunca dudó ni por un instante que sus plegarias serían respondidas. Su madre estaba de acuerdo en esto. Pidan y se les dará. Busquen y encontrarán. Estas afirmaciones eran claras e inequívocas, y ella tenía la convicción inquebrantable de que algún día la verdad que reflejaban se manifestaría en su hijo.

Pero mientras gran parte de su tiempo transcurría en el mundo espiritual, Edgar también vivía una existencia física completamente normal y la encontraba llena de escollos. En una de las tan frecuentes ocasiones en que faltaban maestros, el Juez mismo se hizo cargo de la escuela y tuvo la oportunidad de ver bien de cerca las peculiaridades y limitaciones de su hijo. Leslie Cayce nunca había tenido la virtud de la paciencia. La tendencia de su hijo a soñar despierto en clase fue causa de frecuentes y violentos enfrentamientos. Parecía que cuando más intentaba el niño aprender sus lecciones y mantener su atención en los libros, más lejos deambulaba su mente. Poco tiempo después, el Juez le cedió el puesto en la escuela a su hermano Lucian con una severa advertencia: «No sé qué falla con ese hijo mío, pero fíjate que aprenda sus lecciones, incluso si tienes que metérselas en la cabeza a golpes». Por supuesto, el tío Lucian hizo su mayor esfuerzo para cumplir con ese pedido.

Un domingo, Edgar llegó a casa desde la iglesia particularmente movilizado por el mensaje dado ese día. Salió al bosque y pasó la tarde leyendo la Biblia y orando por tener la posibilidad de sanar a los enfermos. Al retirarse a dormir esa noche, su mente seguía llena de fervor. Algo después de medianoche, se dio cuenta de que su habitación se encontraba inundada de un extraño resplandor, más brillante que la luz del plenilunio. Se sentó de repente y vio una figura que se alzaba al pie de su cama. Era una mujer, y en un primer momento pensó que era su madre. Edgar comenzó a hablar y la figura pareció desvanecerse. El niño saltó de la cama y corrió a la habitación de su madre. Su primer pensamiento fue que alguien estaba enfermo y lo necesitaba. Tanto su madre como su padre se encontraban profundamente dormidos y las bebés estaban tranquilas. Regresó a su cama, temblando, sin saber qué había visto pero atemorizado de todos modos.

Mientras se encontraba acostado el resplandor regresó, y se hizo cada vez más brillante hasta que superó a la luz de la luna. De repente regresó la figura. Era una mujer, y en la espalda tenía sombras curvadas que se parecían a las alas de los ángeles en las imágenes bíblicas. Edgar trató de hablar pero tenía la boca seca, y se quedaba sin aliento por el miedo. La mujer sonrió: «No tengas miedo. Tus plegarias han sido escuchadas. Tendrás lo que deseas si sigues siendo fiel. Sé sincero contigo mismo. Ayuda a los enfermos y a los afligidos».

La luz se desvaneció y la mujer desapareció. Edgar corrió hacia el patio exterior que se encontraba bañado por la luz de la luna y cayó de rodillas para agradecer la vision y la promesa.

A la mañana siguiente, después del desayuno, llamó aparte a su madre y le contó lo que había sucedido.

—Hijo, sabía que estabas llamado a realizar un gran trabajo —le dijo abrazándolo con alegría—. Siempre he sentido que Dios te había escogido para un propósito. Pero trata de estudiar tus lecciones con más ahínco para no disgustar a tu padre. Aquel día Edgar se encontraba tan maravillado por su visión que los libros y el tío Lucian bien podrían no haber existido. Para el resto de los estudiantes, el día estuvo condimentado por más choques que lo habitual, que tuvieron su clímax en una larga sesión de castigo después del horario de clases. Cuando finalmente Edgar obtuvo permiso para retirarse, el tío Lucian se dirigió con firmeza a la tienda para contarle al Juez lo sucedido.

—Lamento decirlo, Leslie, pero cada vez me convenzo más de que ese hijo tuyo es sencillamente tonto. Una de dos: o no quiere aprender, o no puede. Hoy tenían que estudiar deletreo, y él estuvo sentado todo el tiempo con la Mirada fija en la lección. Bueno, pensé que esta vez tendría las cosas bien claras, así que le pedí que deletreara la palabra «cabaña». Cabaña, una palabra tan sencilla. ¿Y sabes lo que hizo? ¡Se quedó sentado con la boca abierta y sin siquiera saber cómo comenzar!

—Cabaña… ¡Cabaña! —murmuró el Juez asombrado.

—Perdí la paciencia por completo —dijo Lucian—. Después de reprenderlo, hice que se quedara después de clases para escribir «cabaña» en la pizarra quinientas veces. Lo hizo sin quejarse, pero estoy seguro de que si le pidiera que deletreara esa palabra en este momento no podría hacerlo.

—Mañana va a poder —dijo el Juez entre dientes, y añadió—: Lucian, hiciste lo correcto, pero te prometo que voy a hacerlo aún mejor. En la casa hubo una escena violenta. El Juez era un hombre orgulloso, y saber que su único varón era considerado como apenas mejor que un idiota lo hería profundamente. Arrojó a Edgar sobre una silla, y comenzó el entrenamiento. Una y otra vez el Juez deletreó las palabras de la lección.

—Cabaña: C-a-b-a-ñ-a. Deletréala.

—Cabaña —decía Edgar con gran seriedad—: C-a-b-añ-a. Estudiaba dos palabras más y luego el Juez decía: «Ahora deletrea cabaña».

—Cabaña —decía Edgar como si su mente estuviera en blanco—: K…El manotazo del Juez fue tan fuerte que tiró a Edgar de la silla. Sin embargo, el golpe no sirvió para introducir ningún conocimiento sobre deletreo en la cabeza del niño. Después de tres penosas y dolorosas horas, «cabaña» continuaba siendo uno de los misterios más oscuros de la vida para Edgar, así como el resto de las misteriosas palabras que aparecían en la lección. Finalmente, reducido a un estado de estrangulada impotencia, el Juez Cayce se dirigió con furia a la cocina, donde tomó un trago para aplacar su enojo. Edgar recline la cabeza sobre su manual de deletreo, exhausto tras la terrible experiencia. Cerró los ojos, y escuchó con claridad una voz de mujer en sus oídos: ¿Por qué luchas tanto? Tienes nuestra promesa. Duerme unos minutos y danos la oportunidad de ayudarte.

El niño pensó: ¡Dormir! ¡Voy a dormir un momento!, y sintió que su conciencia se sumergía en un mar de sombras oscuras y soporíferas. El Juez regresó todavía alterado de la cocina y observó enfurecido la figura durmiente. Le dio una violenta sacudida al escuálido hombro del niño.

—Despierta, Edgar. Inútil. Vete a la cama. Sencillamente eres tonto y no tiene sentido tratar de hacer entrar algún tipo de conocimiento en tu cabeza.

—Espera papá —dijo Edgar ansiosamente—. Solamente necesitaba dormir unos minutos. Pregúntame la lección de nuevo. Ahora me sé las palabras. Resoplando, el Juez le dijo una palabra y Edgar la deletreó al instante y sin errores. Continuó deletreando cada una de las palabras de la lección y cada una de las palabras del libro, incluidas las palabras de lecciones futuras que aún no habían estudiado. En un arranque de confianza, le dijo a su padre en qué página se encontraba cada palabra y describió las imágenes que había en esa página, porque su mente le mostraba cada página completa, exactamente como si estuviera viendo el libro. Estaba muy orgulloso de su capacidad recién adquirida.

—¡Ajá! —gritó el Juez finalmente mientras arrojaba el manual de deletreo a través de la habitación—. Te sabías las lecciones todo el tiempo. Pero actuabas como un idiota para atormentarnos y afligirnos a tu tío y a mí. ¡PLAF! Edgar se levantó como pudo del suelo y se escabulló hacia su cama. Le resultó preocupante descubrir que el conocimiento, sin importar cuan perfecto fuera, no necesariamente garantizaba una vida más tranquila.

El Motivo por el I Ayuda

El motivo por el I Ayudapor Toni Romano

Tengo curiosidad por saber qué es lo que motiva a la gente a ser voluntaria, a dar su tiempo, su talento y su dinero para esta Obra. ¿Qué nos motiva a servir, además de la grandeza de las lecturas de Edgar Cayce? Me gustaría compartir con ustedes un relato de cómo llegué a este servicio, y me encantaría conocer su historia también.

Me crié en una iglesia cristiana evangélica que enfatizaba dar TODO de uno mismo al Señor. Eso significaba nuestro tiempo, nuestro talento y nuestro diezmo-¡y más si había una campaña o proyecto que necesitaba fondos adicionales! Esto no se cuestionaba en nuestra casa. Si las puertas de la iglesia estaban abiertas, nosotros estábamos allí!

Teníamos que tomar un autobús a la ciudad, cambiar de autobús en el centro de la ciudad, y tomar un segundo autobús a la iglesia. Y cuando se cobraban los cheques, el diezmo se ponía en el sobre para las ofrendas del domingo en la mañana. ¡Esto fue durante la Segunda Guerra Mundial y nuestro padre estaba en el Pacífico Sur defendiendo a nuestro país! Así que “nosotros” era mi madre, la abuela materna y su hermana.

A la tierna edad de siete años, encontré mi camino al altar para dar mi corazón al Señor. Yo sabía desde muy joven que iba a dedicar mi vida al servicio de Dios. Enseñé en la escuela dominical en mi adolescencia, que tenía lugar en las oficinas de nuestra Comunidad de Jóvenes, asistí a nuestra universidad de la iglesia, me especialicé en Educación Cristiana, y me casé con un estudiante ministerial. Las actividades de la Iglesia y sus miembros constituyeron la mayor parte de mi vida hasta que cumplí treinta años.

Mientras mi marido era co-pastor de una iglesia después del seminario, el movimiento de derechos civiles había nacido y nos hicimos muy activos. Los “padres” de la iglesia determinaron que ser activo en derechos civiles no era una expresión de gracia del ministerio y le quitaron las credenciales a tres de los ministros activistas, incluyendo a mi marido.

Es posible suspender las credenciales, y es posible cambiar su lugar de trabajo, pero una vida de servicio no cambia. No importaba si estaba trabajando como voluntaria en la escuela de mis hijos, enseñando en un aula de la escuela pública, trabajando en un programa de la comunidad o en la burocracia estatal. El mismo sentido de dedicación y compromiso es el que me motivó a darlo todo en el servicio. Sin embargo, lo que experimenté en ese momento de mi vida era que el servicio en sí mismo no era suficiente. Mi alma estaba hambrienta. Empecé a buscar más sentido a mi vida.

El motivo por el I AyudaSe empezó a abrir una puerta tras otra -un fin de semana de yoga con mi hermana, un interés en la astrología (aprender sobre el anteproyecto con el que nací), aprender a meditar con un compañero de trabajo y, como el destino quiso, ¡conectarme con alguien en una reunión del gobierno estatal que se convirtió en mi primer maestro espiritual y consejero!

Esa relación me llevó al material de Edgar Cayce y a ARE en 1983. Yo estaba realizando un cambio importante en mi vida, dejando un matrimonio de 26 años, un hogar cómodo, y ¡empezando a vivir mi vida por primera vez! Y aquí está esta “niña” de los campos de maíz de Illinois mudándose a la gran ciudad de Chicago. Yo conocía sólo a dos personas en mi primer trabajo, y ¡eso era todo! Mi consejero me dijo que buscara un grupo de estudio de Edgar Cayce. ¿Quién era este Edgar Cayce? ¿En qué me estaría metiendo yo? ¡Si ella lo dijo, yo confiaba en ella!

Busqué y busqué los papeles hasta que un día me encontré con un anuncio del programa de A.R.E: Encontrar el propósito de su alma, con Mark Thurston. Fui al programa, me hice miembro, y creé “Búsqueda de Dios” un grupo de estudio ¡a cuatro cuadras de donde yo estaba viviendo y trabajando! En ese mismo momento puse un pie en el camino correcto en mi vida!

Los principios de Cayce me han dado una mayor comprensión sobre “una vida de servicio”, que comenzó cuando tenía siete años de edad. Ahora veo que esta elección era en realidad mi IDEAL. Cada vez que un ejercicio de grupo se centraba en el descubrimiento de los ideales, me venía a la mente el ideal del Servicio- no es de extrañar. Mirar el Ideal, desde una perspectiva espiritual, mental y física le daba mucho más sentido al Servicio. En un momento dado, me encontré a mí mismo afinando el Ideal, añadiendo Servicio amoroso. Eso me hizo más consciente de “cómo” estaba dando servicio.

Cuando me puse totalmente absorta en el ajetreo del trabajo, me di cuenta de que estaba descuidando las prácticas espirituales para mantenerme centrada. ¡No me gustaba cómo iba mi vida! La próxima vez que trabajé con mi ideal, añadí el Regocijo en el Servicio amoroso para recordarme que no es el hacer lo que es tan importante sino la forma en la que nos comportamos cuando estamos sirviendo. Así que me ha llevado a un ideal de Amor, gozo, y paz.

Y esa es mi historia… ¡hasta ahora! Si está inspirado a compartir su historia y lo que le motiva a dar su tiempo, su talento y su apoyo financiero a este trabajo, me encantaría saber de usted. ¡Amor y bendiciones!

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Toni Romano posee una maestría en ciencias como Consejera de Desarrollo Humano por la Universidad de Illinois. Es miembro vitalicio de A.R.E. Ha sido miembro de un grupo de estudio durante 30 años. Ella trabajó como Coordinadora de la Región Central de Heartland y en el Chicago Center durante 9 años antes de mudarse a Virginia Beach, donde trabajó como coordinadora de promoción para la sede de ARE por 9 años. Actualmente es una facilitadora para la Transformación Personal y Courage Institute, Inc. en Internet en TransformationandCourage.org. Trabaja como voluntaria para el Call Center de A.R.E. y es miembra activa de Ayudantes Curativas alegres en el Grupo de Oración. Por favor envíe sus historias a ConnectWithToni@gmail.com.

La importancia de los ideales

Ideals blog directionPor Kevin J. Todeschi

En diferentes épocas de nuestra vida, todos nosotros nos preguntamos qué es lo que deberíamos estar haciendo, adónde deberíamos ir, o cómo podríamos llenar ese vacío especial que Dios tiene en mente para nosotros. A menudo nos encontramos en busca de algo, pero inseguros de lo que es. Uno de los principios más frecuentemente mencionados en las lecturas de Edgar Cayce es el concepto de los “ideales”, y es este mismo principio el que nos puede proporcionar un enfoque para responder a esta llamada interior.

Debido a que las lecturas nos recomiendan escribir nuestros ideales -física, mental, y espiritualmente- podríamos creer que esto es un trabajo de una sola vez. Podríamos asumir que llenar las columnas en un gráfico con los ideales o tomar notas es algo que nunca más necesitaremos repetir una vez escrito en el papel. Y, sin embargo, Cayce dejó claro que el trabajo con los ideales debe convertirse en una actividad frecuente en nuestras vidas – algo que nos desafía, alienta e incluso empuja a iniciar una obra maestra personal al nivel del alma. Con este enfoque, la comprensión de las lecturas en ideales provee ayuda para manifestar en nuestras vidas lo mejor que tenemos para ofrecer a nuestro mundo, a Dios, y a nosotros mismos.

En términos sencillos un ideal es la influencia que motiva nuestras vidas. En ello subyace la intencionalidad de por qué hacemos lo que hacemos. Es como una estrella que nos guía en la oscuridad de la noche, y lo que nos permite concentrarnos en la dirección deseada.

Mientras un “objetivo” es algo alcanzable, según la terminología de Cayce un “ideal” siempre nos mantiene en el desafío y nos amplía. Es realmente un modelo de motivación que guía nuestras vidas. Un ideal personal es como los rayos del sol que pueden calentarnos la cara mientras miramos hacia él. ¡Uno no puede dejar de reconocerlo cuando está mirando de frente!

Lo que puede sorprender desde la perspectiva de las lecturas “es que todo el mundo trabaja con ideales, incluso si se hace inconscientemente. Por ejemplo, en la lectura # 1011-1 se le dijo a la persona: “Cada persona física, sea consciente de sí misma o no, pone ante sí un ideal en el mundo material, en el mundo mental, en el mundo espiritual.”

En última instancia, aquello en lo que un individuo se suspende, es en lo que se convierte.

Puesto que los ideales dan forma a nuestras vidas, y a nuestras experiencias, e incluso en lo que nos convertimos, por definición, debe ser extremadamente importante. Pero Cayce va incluso un paso más allá. Como le dijo a una persona: “Y lo más importante, la experiencia más importante de esto o de cualquier persona física es saber primero cuál es el ideal-espiritualmente.”
(357-13)

No sólo es muy importante, es la cosa más importante que podemos hacer.
El reto de trabajar con los ideales parece ser que nos anima a ir más allá de un simple ejercicio intelectual personal. El siguiente paso es ser capaz de trazar estratégicamente cómo nuestros ideales afectarán las interacciones con los demás, nuestro entorno y hasta nosotros mismos. Luego, tenemos que estar preparados para actuar sobre ellos, para ponerlos a prueba.

Los cambios que estamos buscando en el proceso de trabajar con los ideales deben estar dentro de nosotros mismos. A pesar de que el sentido de una “situación ideal ” o de una “relación ideal” puede incluir condiciones cambiantes o que otra persona cambie, Cayce hizo hincapié en que el auto-cambio es la clave.

“En primer lugar, conozcan su ideal, espiritual, mental, material. No tanto en cuanto a lo que le gustaría a otros a ser, pero como pueden ser sus relaciones ideales con los demás “(1998-1)

Muchas personas han encontrado que la clave para que un ideal espiritual práctica en sus vidas materiales es trabajar con un concepto frecuentemente mencionado en las lecturas de Cayce: “El Espíritu es la vida, la mente es el constructor, y la física es el resultado” Esa secuencia de tres partes sugiere un proceso en tres partes para establecer los ideales.

1. El primer paso es tomar una hoja de papel y dibujar dos líneas verticales para crear tres columnas. Titula la primera columna “Mi Ideal Espiritual”, la segunda “Mis Actitudes Mentales Ideales” y la tercera “Mis Actividades Físicas Ideales “. A pesar de que las lecturas de Cayce nos animan a elegir un ideal espiritual difícil, se recomienda que el ideal espiritual que elijamos sea algo que podamos entender, trabajar, y ver que se manifiesta progresivamente en nuestras vidas. En última instancia, un ideal espiritual es la más alta calidad “espiritual” o el logro que podemos esperar nos han motivación en nuestra vida en estos momentos. La palabra “espiritual” tiene connotaciones de ver la vida de manera más amplia que un simple punto de vista materialista.

Para algunas personas, un ideal espiritual está más estrechamente relacionado con el modelo de vida establecido por Jesús. Para otros puede ser una cualidad distinta, como “amor ” o ” bondad ” o ” perdón. “Muchas personas han encontrado que es útil elegir esa cualidad o atributo que está actualmente ausente o inexistente en sus propias vidas y en sus relaciones con otros. Al observar  la variedad de relaciones y situaciones a las que nos enfrentamos, ¿cuál es la calidad que más profundamente necesitamos? Por ejemplo, tal vez podamos encontrar que más que nada tenemos que ser más “indulgentes ” o más ” comprensivos ” en nuestra interacción con los demás. Por supuesto, esta es solo la cualidad que se necesita en estos momentos más que cualquier otra. A medida que pasan los meses y los años, cambiamos y crecemos. Como es natural, la palabra o frase que podríamos optar también cambia y evoluciona. Ese es el rasgo dinámico de trabajar con los ideales en la tradición de Cayce.

Consideremos un ejemplo más concreto: Supongamos que nuestro ideal espiritual está  siendo el del “perdón”. Hemos elegido esa cualidad especial porque parece tan fundamental para lo que ahora sabemos que tenemos que mejorar en una serie de situaciones difíciles. También describe un sentido de la vida que nos eleva de lo material, y de las causas y efectos de dirigir nuestras vidas. Encontramos que el perdón es una cualidad espiritual, por este impacto inspirador que puede tener en nosotros. Y así, la palabra “perdón” se escribiría bajo la primera columna, que previamente hemos etiquetado como “Mi ideal espiritual”.

2. En la segunda columna, podemos empezar a enumerar “Mis Actitudes Mentales Ideales.” Son estados de ánimo y formas de pensar que ayudarán a construir ese espíritu de perdón en nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos. ¿Cuáles pueden ser algunos de estos ideales mentales? Tal vez la “compasión ” sea una actitud que queremos trabajar en relación con un padre frustrante, tal vez la “apertura” es la actitud mental que queremos mantener con una hija con la que hemos estado teniendo dificultad y posiblemente la “paciencia ” que describe esa actitud para usar con nosotros mismos. Nuestra lista de ideales debe enumerar a  las personas clave en nuestras vidas con las que tenemos que ejercer este ideal espiritual del perdón. Y una vez que hayamos terminado de escribir nuestras entradas, la segunda columna enumerará las actitudes mentales positivas que constituyen la base de una persona que perdona, es decir, hacia la plena realización de nuestro ideal espiritual.

3. Pero esto todavía deja la tercera columna – ideales físicos – como la más detallada. Es el único lugar para escribir todas aquellas actividades físicas que haremos en relación con las personas o situaciones específicas. Las entradas en la columna titulada
“Mis actividades físicas ideales” deben estar vinculadas a las actitudes mentales con las que acabamos de hacer un compromiso. Por ejemplo, en la relación con nosotros mismos y la actitud mental de “paciencia “, tal vez cada uno de los siguientes puntos serían actividades ideales para ayudar a fomentar la paciencia y el auto-perdón:
1) dejar de decir (o pensar) “no puedo”;
2) hacer una lista de todos los casos en que he sido perdonado por algo;
3) comenzar a orar que voy a tener la resistencia resuelta para seguir adelante.

Para cada actitud ideal y relación importante, debemos tener al lado una lista de actividades con las que vamos a trabajar. Estos son nuestros ideales físicos – nuestras actividades que se pueden trazar los medios para lograr el ideal espiritual al mundo material. Sabremos que se ha progresado con nuestro ideal espiritual cuando la actitud mental en la lista de ideales se convierte en nuestro estado mental habitual y la actividad física se convierte en nuestro listado de respuesta automática y natural. A medida que realmente comenzamos a trabajar con los ideales, hasta que se convierten en una parte de lo que somos, podemos elegir una dirección, -un destino más desafiante y más brillante hacia el que podemos dirigir nuestras vidas. Lo importante es trabajar con nuestros ideales, porque vamos a descubrir qué es lo que debemos hacer en las situaciones en que nos encontramos. La vida tiene un propósito. Establecer y aplicar los ideales es la mejor manera de descubrir ese propósito.

A medida que trabajamos con los ideales, vamos a descubrir que tienen que ser ajustados, y llegan a ser aún más difíciles con el paso del tiempo. Por ejemplo, si uno de nuestros ideales físicos es “delicadeza en la expresión”, podemos encontrar muchas maneras de trabajar con ella – incluso a la mesa en el desayuno. Esos esfuerzos deliberados continúan hasta que se convierte en una parte natural de nosotros. Una vez que la conversación coincide con “la delicadeza de expresión”, podríamos extendernos un poco más y reformular ese ideal físico para estar “actuando de una manera amistosa”. Ahora tenemos un nuevo conjunto de retos y espacio para un mayor crecimiento. Este mismo tipo de expansión puede darse con cada uno de nuestros ideales físicos, nuestros ideales mentales, e incluso el propio ideal espiritual.

En última instancia, Hay Un Ideal

Aunque las lecturas nos invitan a “elegir un ideal personal”, también afirman que “sólo hay un Ideal. ” A una persona se le dijo: “No hay una manera, pero hay muchos caminos. ” (3083-1) En esencia, esto sugiere que cada uno de nosotros se está moviendo hacia un “ideal supremo.” Si queremos llamar a ese ideal “la perfección”, o la “Conciencia de Cristo” o “la Conciencia de Dios” o cualquier término que sea más cómodo, el ideal último es el más alto logro espiritual posible. Sin embargo, cada uno de nuestros ideales más pequeños (como “amor” o “servicio” o “bondad”) puede servir de base hacia ese ideal más alto.

Ideas vs. Ideales

Aunque cada uno de nosotros puede tener diferentes ideas, planes o metas sobre cómo deben hacerse las cosas, las lecturas nos informan que – a pesar de todas nuestras diferencias, podemos compartir una vía común. Incluso durante la crisis y el caos internacional de la década de 1930, las lecturas dieron una “receta” que podría servir para unir a toda la humanidad. A pesar del hecho de que cada nación tenía ideas diferentes, Cayce sugirió que el mundo podría compartir un ideal común. Ese ideal fue su “respuesta al mundo”:

“El mundo como un mundo… ha perdido su ideal. La humanidad puede no tener la misma idea. ¡El hombre – todo hombre – puede tener el mismo ideal! … que sólo puede venir con todos compartiendo un mismo ideal, no la idea, pero ‘¡Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, a tu prójimo como a ti mismo! “Esta [es] toda la ley, esta [es] la respuesta completa al mundo, a todos y a cada alma. Esa es la respuesta a las condiciones del mundo, tal como existen hoy en día.”(3976-8)

En repetidas ocasiones, las lecturas nos invitan a tomar conciencia de lo que estamos construyendo dentro de nosotros mismos. ¡En última instancia tendremos la oportunidad de saberlo! A medida que trabajamos con un ideal de conciencia, no sólo nuestra dirección se hace más clara, pero el ideal se convierte en una parte viva y en una parte del aliento que somos a nivel del alma. Un ideal es como un tapiz personal que creamos una cosida a la vez. Se puede trabajar, subsanar y trabajar otra vez hasta que el resultado final sea algo que podemos compartir con orgullo en nuestras interacciones con los demás. Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de decidir conscientemente quien queremos llegar a ser, así como el tiempo que tardamos en conseguirlo.

“Así, las advertencias de que existe la seguridad en sí mismo de lo que es el ideal, no sólo desde un punto de vista religioso o teosófico o teológico, pero de acuerdo a lo que es tu ideal del hogar, de la vida en el hogar, los amigos, la amistad, las relaciones con las personas, y las condiciones que rodean a la entidad; físicamente, sí; mentalmente, para estar seguro, pero sobre todo espiritualmente”. ( 2428-1 )

Kevin J. Todesch es el Director Ejecutivo y CEO de Edgar Cayce de ARE y Atlantic University así como un popular autor y conferencista. Como estudiante y el profesor especialista en Cayce hace más de treinta años, ha dado conferencias en los cinco continentes. Un escritor prolífico, es autor de veinte libros, incluyendo los best-sellers Edgar Cayce y los Registros Akáshicos, Edgar Cayce y compañeros del alma, y Edgar Cayce y las vibraciones. Su último libro, Edgar Cayce y Auras y Colores: Aprende a comprender el color y ver las auras fue escrito con la psíquica profesional Carol Ann Liaros y explora técnicas para ver el aura humana y para comprender la interpretación del color.

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