Como Tu Dieta Influye en tu Digestión

Las más recientes pautas dietéticas de la Asociación Americana del Corazón están completamente alineadas con la información que recibió Cayce, el profeta durmiente, hace ya más de 100 años: “Come comida natural, comida no procesada, y consume en su mayoría vegetales y frutas.”

Muchos de nosotros estamos sufriendo de problemas de salud porque hemos sido mal instruidos acerca de cómo nutrirnos. La cadena alimenticia ha cambiado radicalmente en las últimas décadas, y no de la mejor manera. Mucha gente basa su alimentación en comida a base de harina y en los cada vez más populares alimentos “sin gluten”, para satisfacer antojos o para poder extender la cantidad de comida que servimos a nuestras familias. La mayoría de estos “rellenos” solo añaden volúmen pero poco o casi nada de valor nutritivo y contribuyen mucho a la inflamación crónica y la desnutrición. Simplemente eliminando esta comida procesada y cargada de pesticidas puede tener un impacto enorme en la salud general y el sistema inmunológico.

La digestión lenta generalmente es el resultado de elecciones nutritivas que se enfocan en productos de animales y granos procesados, en vez de alimentos integrales que se cosechan en tierra saludable.  La congestión intestinal y la constipación se han vuelto tan comunes que nuestra sociedad está gastando cerca de un billón de dólares anuales en laxantes, y los resultados son ineficaces en la mayoría de casos.  La pérdida de tono muscular del colon no puede responder efectivamente al exceso de fibra dietética y laxantes, porque un colon que está débil y distendido necesita rehabilitación a través de una limpieza y fortalecimiento del mismo.  La retención crónica de heces puede existir aún cuando una persona tenga cinco evacuaciones al día.

La manera más efectiva de limpiar y restaurar la salud del colon es con agua, lentamente administrada a través de una hidroterapia del colon. Sin embargo, existe un estigma y mucha desinformación acerca de esta terapia de larga tradición en otras culturas. Muchos de nosotros nos avergamos de preguntar a profesionales en el tema, o de discutir problemas de constipación, el cual es un importante factor de riesgo para muchas enfermedades. ¡Una digestión sana no debe causar dolor! Tus decisiones nutricionales son muy importantes.  Tu cuerpo no puede producir células sanas sin la materia prima que proviene de las comidas naturales y también de los buenos pensamientos y vibraciones positivas con los que enriqueces tu mente.

Edgar Cayce puso mucho énfasis en sus lecturas sobre la importancia de tener un colon fuerte y limpio, además de la importancia de comer comida natural y tener una dieta que sea en gran mayoría vegetariana. Es importante comer alimentos alcalinos como diferentes tipos de vegetales y frutas. Cuando no consumimos la cantidad necesaria de estos alimentos, nuestro sistema digestivo se vuelve lento y eventualmente muy débil para poder procesar mucha fibra dietética.

Una o más terapias colónicas pueden ayudar a limpiar el sistema digestivo de exceso de residuos y gases, mientras ayuda también a ejercitar los músculos que son necesarios para poder tener movimientos intestinales regulares diariamente. Con el tiempo, a través de una terapia colónica y del consumo de alimentos alcalinos se puede recuperar el tono perdido en los intestinos y colon que existe en casos de constipación crónica.

Todos – todo el mundo – deberían tomar un baño interno ocasionalmente, así mismo como uno externo. Todos estarían mejor si lo hicieran.

-Edgar Cayce reading 440-2

 

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Carla Hope Andersen, R.N.

Carla Hope Andersen, R.N., ha sido terapeuta de servicios colónicos en el A.R.E. Health Center & Spa desde el 2007. Ella es una aficionada a la nutrición y se enfoca en la prevención de enfermedades. Disfruta compartiendo el conocimiento aprendido mientras se recuperaba de su propia enfermedad, aplicando la filosofía sobre salud que Edgar Cayce menciona en sus lecturas y dice, “Edgar Cayce y sus lecturas han enriquecido mi pasión y capacidad de ayudar a los demás a descubrir sus propios poderes curativos.” Aprende más acerca de ella en su página SmoothMovesBodyWork.com

 

Puertas peligrosas para el subconsciente

charlie-charlie-challengeLa ouija, escritura automática y el desafío CharlieCharlieCharlie

SI, las lecturas de Edgar Cayce brindan un estímulo directo sobre cada uno de nosotros en el sentido de que somos en potencia nuestro mejor psíquico y cada uno puede acceder una guía personal a cualquier hora. De hecho, Cayce ofreció una gran cantidad de información con respecto a cómo el subconsciente puede abrirse de manera segura a través de la meditación, el trabajo con los sueños, trabajo personal sobre crecimiento espiritual, desarrollo de la empatía, aprender a reconocer corazonadas psíquicas, etc. Sin embargo, las lecturas proveen muchas historias de precaución sobre los peligros de abrir el subconsciente, algunas de las cuales se detallan en el libro de Hugh Lynn Cayce  Venturing Inward.

spirit-doorway(1)Después de haber tenido la maravillosa oportunidad de editar recientemente el 50 aniversario de la reedición del clásico libro de Hugh Lynn Cayce, me acordé de los verdaderos peligros asociados con cosas tales como la escritura automática y tableros de Ouija e incluso del “nuevo giro” en este viejo peligro llamado el “desafío Charlie-Charlie.” Literalmente, decenas de millones de personas ya han llamado la atención sobre este juego utilizando el hashtag #CharlieCharlieChallenge. Basándose en la misma premisa de la escritura automática y la ouija, los jugadores esencialmente nivelan lápices sobre las palabras “sí” y “no” en un pedazo de papel y hacen preguntas. Según se informa, las preguntas son contestadas por un demonio llamado “Charlie”, que mueve los lápices con la respuesta apropiada.

bibleAntes de salir corriendo e intentar jugar, podría ser útil saber que Hugh Lynn Cayce trabajó con un sinnúmero de personas en los últimos años que se habían abierto inadvertidamente a sí mismos a la”posesión” por jugar lo que ellos pensaban que eran juegos “inofensivos”. El desafío es que una vez que una entidad desencarnada (un muerto que no quiere estar muerto) encuentra un “oído” receptivo, el espíritu del difunto no está demasiado dispuesto a soltarlo. Venturing Inward incluye muchas historias de cómo este tipo de juego llevó a conexiones con los espíritus que intentaron apoderarse de la vida de una persona, romper su matrimonio (a veces incluso comienzan una relación “sexual” con el individuo), causando la pérdida de puestos de trabajo, etc. Este tipo de juegos no son inofensivos en lo absoluto, sobre todo para los que son vulnerables debido a drogas o alcohol, lesiones de la columna vertebral, confusión hormonal de la pubertad, y la mala salud. Y una vez que el desencarnado tiene una conexión, puede ser muy difícil de eliminarla.

dreamingSiempre que las personas iban a hablar con Edgar Cayce y preguntaban acerca de cómo lidiar con este tipo de experiencias -experiencias que pueden incluir cosas tales como sentir la presencia de un fantasma, sentir que alguien está invadiendo sus pensamientos psíquicamente, escuchar voces, o que alguien está recogiendo en la información psíquica no deseada  -sus sugerencias incluyen una variedad de enfoques destinados a reforzar las defensas físicas, mentales y espirituales del cuerpo:

  • Considere la posibilidad de ver a un osteópata o quiropráctico para asegurarse de que no ha habido un problema de columna vertebral que está causando presión sobre el sistema nervioso. A menudo, las personas sin saberlo, se abren a otros reinos de la “realidad” a causa de un problema o lesión de columna.
  • Tenga una dieta sana y equilibrada y duerma suficiente. No se salte las comidas o coma mal. Una de las maneras más fáciles de seguir teniendo problemas a nivel mental-emocional es abusar de los sistemas físicos del cuerpo, lo cual incluye una dieta deficiente y falta de sueño.
  • Dé a la mente mucho material edificante (muchas veces espiritualmente-centrado) para leer. La literatura podría incluir libros de autoayuda, poesía edificante, la Torá, el Nuevo Testamento, etc. Cayce a menudo ha dicho, “la mente es el constructor” y en lo que nos centramos se convierte en una parte de nosotros.
  • Trabaje con la oración. Imagínese rodeado de una “luz blanca de protección” cada vez que se siente preocupado por una experiencia. También puede pedir a los amigos, la familia, a un ministro, a un rabino que recen contigo o para ti.
  • Rechace la fascinación por las experiencias. Con bastante frecuencia los individuos deben superar su intriga por esas experiencias, a pesar de su aversión a ello, antes de que la curación tenga lugar.
  • Encuentre un consejero o terapeuta con quien pueda hablar. Este terapeuta probablemente debería estar familiarizado con la psicología de Jung, lo paranormal, o al menos estar abierto a lo desconocido.

SÍ, las personas pueden valerse de las experiencias psíquicas seguras a través de una variedad de medios, pero la ouija, la escritura automática, y el nuevo reto Charlie-Charlie puede ser muy peligroso y no es en absoluto constructivo o útil. En su lugar, trate de escribir una pregunta, lea la pregunta antes de ir a la cama, y luego sueñe con ella.

Alternativamente, usted puede jugar un juego psíquico seguro recomendado por Edgar Cayce. Según Cayce, si las personas realmente quieren tener una experiencia psíquica, necesitan trabajar con un amigo durante veinte días. Al mismo tiempo cada día, cada individuo se sienta en silencio quienquiera que sea él o ella y piense en la otra persona. Cada individuo trata de imaginar a la otra persona y sentir lo que la otra persona había estado haciendo justo antes de la hora acordada para el ejercicio diario. Esto se repite todos los días durante veinte días. Según Cayce, al final de los veinte días, usted habrá adquirido una experiencia de primera mano de comprensión de una conexión psíquica.

Kevin Kevin J. TodeschiJ. Todeschi es Director Ejecutivo y CEO de la obra de Edgar Cayce (EdgarCayce.org). Como estudiante y  maestro del material de Edgar Cayce por más de 35 años, es el autor de más de 25 libros, entre ellos el best seller Edgar Cayce Edgar Cayce On the Akashic Records, Dream Images and Symbols, y su libro más reciente (con Henry Reed), Contemporary Cayce.

Un niño poco usual

Edgar Cayce: Hombre de Milagrospor Joseph Millard

Por algún misterioso motivo, el cual nunca fue explicado, los granjeros del condado de Christian en el estado de Kentucky siempre habían sido acosados por el nacimiento de animales con características monstruosas. Una puerca absolutamente normal podía parir cerditos con dos colas o con el hocico hendido o con orejas de menos. Una vaca podía dar a luz un engendro de dos cabezas. En un caso de extremada aberración, un granjero se escandalizó al recibir de la traviesa naturaleza el único ternero de siete patas del que hubiera registro.

En los años que siguieron, muchas personas decían estar firmemente convencidas de que el fenómeno más espectacular de todos los tiempos surgido del condado de Christian era el hijo del joven Leslie B. Cayce y su esposa Carrie, nacido una tarde de marzo de 1877. Los orgullosos padres lo llamaron Edgar en honor a uno de los hermanos de Leslie. Se veía tan normal y saludable con nada fuera de lo ordinario como cualquier otro recién nacido, y berreaba igual de fuerte.

En todo el pueblo y sus alrededores había muchos individuos con el apellido de Cayce, y se decía que nadie podía seguirles el rastro a todos, ni siquiera el abuelo Cayce, el patriarca del clan. Inclusive la abuela, su propia esposa, había tenido ancestros Cayce unas generaciones antes. Apenas supieron que el hijo de Leslie había llegado al mundo, se dirigieron en masa a verlo.

Leslie, que acababa de cumplir veintitrés años, abrió un barril de güisqui y puso a circular un vaso de hojalata mientras festejaba y se jactaba de su hijo, echándose un trago cuando le llegaba su turno.

  • Mi hijo va a dejar su huella en el mundo algún día, ya verán. Basta con oírlo berrear. ¿Alguna vez oyeron a un bebé con un par de pulmones más potentes? Poco tiempo después el niño hizo una demostración nocturna de potencia pulmonar. Tanto berreó y berreó que los nervios de Leslie se crisparon y su esposa estuvo al borde de la histeria.
  • ¡No sé que tiene el bebé! —se lamentaba la mujer retorciéndose las manos—. ¡No deja de llorar!
  • Entonces, por amor de Dios, ¡haz algo! —bramó Leslie—, antes de que estos berridos me saquen totalmente de quicio. La mujer hizo varios intentos pero nada parecía funcionar. Más tarde, hacia la medianoche, se escucharon unos golpes en la puerta. Era Emily, una anciana negra, empleada de la hacienda. Había llegado fumando su pipa de corazón de mazorca seca.
  • Doña Carrie, he oído llorar al bebé y creo que sé cuál es el problema —dijo la anciana con mucha calma. —Por favor, ¡dinos! —le rogó Carrie Cayce—, que estoy a punto de enloquecer.
  • Vamos a ver —dijo la anciana.

Se sentó junto a la cuna y, dándole un jalón profundo a su pipa de mazorca, produjo una fragante nube de humo de tabaco que acarició las plantas de los piecitos de Edgar. La tercera vez que lo hizo, el bebé dejó de llorar y se quedó dormido. Fue el último ataque de cólicos que tuvo la criatura.

Desde el día en que dio sus primeros pasos, Edgar reveló un notable talento para meterse en líos. A sus agobiados padres les parecía que cada vez que perdían la vista de él por un instante, un nuevo estrépito acompañado de un alarido anunciaban el siguiente desastre. Una tarde se las arregló para abrir la puerta principal de la casa y salir gateando durante un chaparrón torrencial: terminó cayendo al lodo desde la tarima de la entrada. En otra ocasión cayó en un estanque, cómo logró salir es un misterio, ya que era demasiado pequeño como para saber nadar. Finalmente, en un momento de desesperación, su padre contrató a un vecino de once años llamado Ned para que se ocupara de acompañar y cuidar a Edgar. Tras esto, su padre pudo dedicar más tiempo y atención a su nuevo e importante papel en la comunidad.

A Leslie Cayce lo habían elegido como juez de paz, un gran honor para alguien tan joven. Ahora lo llamaban «Juez Cayce»; título que mantuvo durante toda la vida. Comenzó a comportarse con gran dignidad y a pasar cada vez más tiempo en la tienda del cruce de rutas que pertenecía a su hermano, para hablar de política con otros hombres y dar sus opiniones con tono firme y autoritario.

Nunca fue un hombre con tendencia a demostrar afecto o calidez hacia su hijo, no tuvieron una relación de camaradería. Edgar sentía cierto temor reverencial hacia este rígido jefe de familia. Leslie tenía ideas muy firmes, creía distinguir sabiamente entre el bien y el mal, y no toleraba desvíos.

Carrie Cayce era exactamente lo opuesto: una mujer dulce y gentil, paciente y comprensiva, con un carácter que incluía notas de misticismo. Comprendía a su hijo como nadie. Lo animaba cuando se desalentaba y le indicaba el camino correcto cuando estaba confundido. Sin sus sabios consejos espirituales, tal vez los extraños poderes de Edgar Cayce nunca se hubieran desarrollado, o quizá se hubieran malgastado o convertido en fuerzas destructivas.

Además de su madre, quienes mejor lo comprendían eran la abuela y el abuelo Cayce, con quienes se sentía muy cercano. La abuela se parecía a Carrie Cayce en muchas cosas. Ambas poseían la misma sensibilidad para detectar sentimientos e impresiones demasiado sutiles para la mente común.

El abuelo era de esos hombres que más de uno considera extraño de cabo a rabo. Por un lado, era un zahorí de renombre en el condado. A menudo, los vecinos acudían a la granja y le preguntaban al abuelo dónde deberían excavar sus pozos para encontrar agua de buena calidad y de fácil acceso. A veces su nieto lo acompañaba en estas expediciones.

Durante el camino, el abuelo se detenía y cortaba una horquilla delgada de hamamelis, «el arbusto adivino», y la deshojaba. Cuando llegaba al sitio donde alguien deseaba abrir un pozo, el abuelo cogía los dos extremos de la horquilla de hamamelis, la sostenía frente a su pecho y mantenía el garrón de la rama principal apuntando bien hacia el frente. Luego, mientras Edgar corría sin aliento a su lado y los hombres lo seguían de cerca, comenzaba a pasearse detenidamente sobre el área elegida. De repente exclamaba: «¡Momento, muchachos! Creo que empiezo a sentir algo».

En ese momento comenzaba a moverse con más lentitud y cuidado, hasta que Edgar veía que la horquilla de hamamelis se estremecía y se sacudía hacia abajo. El abuelo indicaba excavar en ese lugar. Poco después, los hombres encontraban agua pura, abundante y cerca de la superficie. El abuelo podía hacer otras cosas aún más extrañas. Uno de los primeros recuerdos de Edgar era haber visto cómo el abuelo hacía que una mesa pesada se elevara en el aire, tras haber apenas rozado la tabla con los dedos. En otras ocasiones, se ponía de pie y clavaba la vista por un minuto en una escoba que estaba apoyada contra la pared. De repente, la escoba se enderezaba y comenzaba a danzar por toda la habitación sin que hubiera nadie cerca. Al ver estas cosas, el pequeño Edgar sentía a la vez fascinación y temor. «Abuelito, ¿cómo lo haces?», le decía. «¿Por qué pasa eso? ¿Me enseñas cómo hacerlo?». Y el abuelo le decía: «Muchacho, no tengo idea de dónde viene este poder, pero no hay que tomarlo a la ligera». El abuelo había hecho estos trucos en algunas fiestas cuando era más joven, pero poco a poco comenzó a tener más reservas hasta que en un momento determinado, cuando Edgar era muy pequeño, decidió no volver a hacerlo más: «No sé qué es ni de dónde viene, pero este poder es algo demasiado grande como para andar malgastándolo en vanas demostraciones. No sé porqué se me fue dada esta misteriosa habilidad, pero no volveré a burlarme de ella». El abuelo murió poco después de decir estas palabras, ante los ojitos atónitos de su pequeño nieto.

Ocurrió en el mes de junio, después del cuarto cumpleaños del niño, cuando los dos habían salido a caballo para efectuar algunas tareas en el campo. El abuelo iba sentado en la montura de su gran caballo, con Edgar rebotando detrás de él, como solían cabalgar juntos. El niño hacía lo que podía para aferrarse al cinturón de su abuelo. En el regreso a casa, pasaron por un estanque profundo. El sol estaba bien alto, y los pantalones de Edgar se habían empapado con el sudor del animal.

—Voy a dejar que el caballo beba un poco de agua en el estanque —dijo el abuelo—. Es mejor que te bajes y aguardes en la sombra. A veces el agua lo pone un poco nervioso. Edgar descendió del caballo y observó cómo, sin desmontar, el abuelo guiaba al cuadrúpedo hasta el agua limpia, más allá de las matas de totoras y los macizos de lirios. El caballo arqueó el cuello y comenzó a beber con avidez. De repente algo asustó al animal, una rana o una tortuga o tal vez su propio reflejo ondulante. El caballo se encabritó y entre furiosos relinchos alzó las patas delanteras por el aire. Sus cascos quebraron la superficie del estanque al descender con fuerza. Luego cambió de dirección y encaró embravecido hacia la orilla. Mientras tanto el abuelo se mantenía en la silla, tiraba de las riendas y le decía:

«¡Tranquilo! ¡Quieto! ¡Quieto!». El caballo giró velozmente sobre las patas traseras y volvió a hundir los cascos en el estanque. Temblando de miedo, Edgar vio como el caballo tropezaba. Al detenerse en seco, se inclinó hacia delante con tal fuerza que la cincha se partió en dos. El abuelo y su montura fueron lanzados con fuerza por sobre el cuello del animal y cayeron al agua. Aún más aterrorizado, el caballo volvió a encabritarse e hizo impacto con sus cascos en el sitio exacto donde yacía el abuelo. Luego dio media vuelta y se alejó a galope con las riendas sueltas.

Edgar corrió a la orilla del estanque y llamó al abuelo lo más fuerte que pudo. No hubo respuesta. Únicamente pudo ver que una masa informe sobresalía bajo la superficie ondulante y que el agua comenzaba a teñirse de rojo. Se dio cuenta de que algo andaba terriblemente mal. Comenzó a llorar y corrió a casa lo más rápido que pudo. A la mañana siguiente, vio a todos sus familiares que lloraban reunidos alrededor de un gran cajón en el vestíbulo. Le costaba comprender lo que le decían: que el abuelo había muerto. Para Edgar lo único que estaba claro era que el abuelo no iba a cumplir con la promesa de llevarlo a cazar en el otoño y dejarlo disparar con un arma verdadera por primera vez. Pasarían varios meses antes de que el abuelo volviera a la granja y le explicara por qué no había podido hacer lo prometido.

Después del funeral, Leslie y su familia fueron a vivir con la abuela, ya que la casa era demasiado grande para ella sola. A Edgar le gustó el cambio porque con la abuela podía hablar de cosas que nadie salvo su madre entendía. El Juez se había hecho cargo de la tienda del cruce de rutas y Carrie Cayce se encontraba ocupada dándole a Edgar nuevas hermanas a intervalos mínimos. De todos modos, siempre encontraba tiempo para hablar con él y darle impulso a sus sueños.

Edgar se estaba convirtiendo en un niño serio, flacucho e intenso que prefería acurrucarse en un rincón y escuchar las conversaciones de los hombres antes que corretear con los niños de su edad. Muchos comentaban que parecía más un anciano pequeño que un niño, y algunos miembros de su familia comenzaron a llamarlo «Viejo» en lugar de Edgar.

El Juez realizaba valientes esfuerzos para hablar con su hijo, pero generalmente terminaba desconcertado por las cosas extrañas que el niño decía o preguntaba. Un día, después de esas sesiones de política y filosofía, le contó al grupo acerca de su hijo Edgar.

  • Ese niño pasa demasiado tiempo solo, soñando despierto e imaginando cosas —dijo el Juez preocupado—. Cualquier niño que pase demasiado tiempo en ese estado:
  • tarde o temprano termina algo chiflado. Necesita compañeros de juego que le den una buena tunda y lo hagan salir de sí mismo.
  • Es evidente que no le gustan las canicas ni ningún otro juego —comentó un hombre—. Mis muchachos se la pasan gritando y metiéndose en problemas todo el día. El único momento en que se quedan quietos es cuando tu Edgar los reúne para contarles historias sobre lugares como Egipto y otras cosas que seguramente ha inventado. Lo he escuchado un par de veces y, válgame Dios, cuenta las cosas de un modo tan real que uno creería que ha estado ahí y las ha visto él mismo.
  • Sí, lo sé —asintió el Juez—. Y lo más extraño es que estuve hojeando algunos libros y quedé estupefacto al ver que las cosas que cuenta son absolutamente ciertas. No tengo idea de cómo las aprendió, porque no sabe leer. A veces me lo encuentro parloteando sin cesar en el jardín, totalmente solo. Cuando le pregunto con quién habla, señala hacia delante, tan serio como un juez, y me dice: «¿Cómo con quién? Pues con mis amigos». Hay veces que me da escalofríos. Aquellos encuentros también inquietaron a Edgar en un comienzo. Se preguntaba si su padre y la mayoría de las personas tenían algún problema de visión que les impedía ver a los niños y niñas que venían a jugar con él. Su madre los veía algunas veces, y él presentía que también su abuela podía verlos si se lo proponía.

Eran niños de su edad que aparecían quién sabe de dónde, y todos los días venían a visitarlo, siempre y cuando estuviera solo. Si alguien se acercaba, sencillamente desaparecían. A veces jugaban juegos muy animados, pero con frecuencia se sentaban a contar historias. Después de un tiempo, cuando comenzó a comprender por qué las demás personas no podían ver a sus amigos, ellos le dijeron que ya estaba demasiado grande para que lo continuaran visitando. Desde ese día, Edgar no los volvió a ver. Cierto día, mientras jugaba muy cerca del secadero de tabaco, escuchó una voz muy familiar que lo saludaba: «¡Qué tal, Viejo!».

Se volvió, y allí estaba el abuelo, sonriéndole como siempre. La única diferencia era que su cuerpo no parecía del todo sólido. Hablaron durante largo rato, tal como solían hacerlo antes del accidente. El abuelo había estado observando la plantación de tabaco, según dijo, y le explicó a Edgar por qué no había podido llevarlo de cacería. Desde aquel día, el abuelo venía a menudo, y las largos diálogos que mantenían eran realmente fabulosos. Edgar les contó a su madre y a la abuela acerca de estas visitas, y ninguna de ellas se mostró sorprendida, pero algo en su interior le advirtió que quizá fuera mejor no confiarle esta información al Juez.

Fue por aquel entonces que un anciano negro que trabajaba como leñador en la granja se sentó junto a Edgar durante veinte minutos y produjo un cambio de rumbo radical en la vida del joven Cayce. Este hombre le contó una historia de la Biblia con todo el dramatismo y esmero que un hombre es capaz de imprimirle a su vivencia religiosa. Edgar quedó maravillado. Nunca había escuchado una historia más extraordinaria ni más apasionante. Cuando el relato llegó a su fin, corrió hasta donde estaba su madre.

La Biblia está llena de historias como esa —le aseguró su madre—. Si tanto te gustan, puedo leerte o contarte muchas más.

A partir de aquel día, en los momentos en que no estaba ocupada atendiendo a las bebés, comenzó a leerle a su hijo las antiguas historias. A Edgar le gustaban todas, sin excepción, y creía todo lo que escuchaba sin cuestionamientos.

  • Quiero aprender a leer —dijo entusiasmado—. Así podré leer toda la Biblia sin ayuda. —Te lo aconsejo —le respondió su madre—, así jamás te sentirás solo y nunca equivocarás el camino. Durante una noche que resultó ser terriblemente agitada, la casa de la familia se incendió y quedó completamente destruida. Nadie resultó herido, pero debieron separarse para alojarse en casa de distintos parientes hasta que la casa pudiera ser reconstruida. Edgar fue a vivir con una tía que en muchos aspectos era muy parecida a su padre el Juez. En un desafortunado momento de confidencias, Edgar le contó sobre sus compañeros de juego imaginarios y las visitas del abuelo. La tía se puso furiosa.
  • Edgar Cayce, ¿acaso no sabes que está muy mal dejarse llevar por la imaginación y contar fantasías como si fueran ciertas? Debería darte vergüenza. Sabes muy bien que las personas muertas no regresan ni hablan con los niños.
  • No veo que tenga nada de malo —contestó Edgar—. Es la verdad. Mi mamá también ve a mis amigos, y estoy seguro de que vería al abuelo si anduviera por allí cuando él viene.
  • ¡Tu mamá! —dijo su tía con los labios lívidos por el enojo—. Todo esto es culpa de ella. Voy a hablarle muy seriamente acerca de seguirte la corriente con todas estas tonterías. Lo único que conseguirá es confundirte más. Nunca supo bien qué hizo su madre para manejar la situación, pero Edgar aprendió la lección y nunca volvió a hablar con otras personas sobre sus experiencias. Comenzaba a percibir que él, su madre y su abuela convivían en un mundo diferente, separados del resto por una suerte de abismo extraño e invisible. En casa de su tía extrañaba las historias bíblicas que le leía su madre, hasta que encontró un maravilloso sustituto: La tía tenía una enorme Biblia familiar, tan grande que él apenas podía levantarla, llena de ilustraciones realizadas por Doré. Las imágenes de los grabados le resultaban apasionantes. Pasaba horas sentado mirando las ilustraciones y reconstruyendo para sí las maravillosas historias. Aquel invierno, a la edad de siete años, tuvo la oportunidad de aprender a leer.

Texto de Edgar Cayce: Hombre de Milagros.

Más http://www.edgarcayce.org/espanol/.

Mi introducción a Edgar Cayce

Por John Van Auken

Edgar Cayce Edgar Cayce Cómo desarrollar la habilidad psíquica.

Leí por primera vez acerca de Edgar Cayce cuando tenía dieciséis años. Mi padre, un oficial de la Marina, había sido trasladado a Virginia Beach, Virginia – sede de la Fundación Edgar Cayce y la Asociación para la Investigación y la Iluminación, fundada por Edgar Cayce en 1931. El libro era El Profeta Durmiente de Jess Stearn, periodista y autor de más de treinta libros, nueve de los cuales alcanzaron el éxito de ser bestsellers. Pero no fue hasta que llegué a la universidad cuando realmente comencé a estudiar la obra de Cayce. El profesor de mi clase de escritura nos asignó escribir sobre un misterio, y ya que mi madre me había hablado de la misteriosa historia de Bridey Murphy, pensé que sería un buen tema para comenzar mi investigación para ese curso.

Bridey Murphy fue el presunto nombre de la vida pasada de una mujer en los 1800. Era una irlandesa que se murió y volvió a reencarnarse en los Estados Unidos 59 años después. El libro era The Search for Bridey Murphy de Morey Bernstein (publicado en 1952 que se convirtió en una película en 1956, protagonizada por la actriz ganadora de un óscar- Teresa Wright). Se trata de la fascinante historia de la ama de casa de Virginia Tighe (llamada Ruth Simmons en el libro y en la película), quien bajo hipnosis, recordó (o prácticamente revivió) su aparente vida pasada como Bridey Murphy. La historia hipnótica de Tighe (grabada en una cinta de casete) se inició en 1806, cuando Bridey tenía ocho años y vivía en, o cerca de Cork, Irlanda. Ella era la hija de Duncan Murphy, un abogado, y su esposa Kathleen. A la edad de 17 años, se casó con el abogado Sean Brian McCarthy y se trasladó a Belfast. Tighe habló de una estación severa de otoño que causó la muerte de Bridey y ver su propio funeral. Ella describió su lápida y el estado de estar vivo después de su muerte -o, más precisamente, después de la muerte en su cuerpo en 1864. Ella dijo que no sentía dolor o tristeza. Después, de alguna manera, ella volvió a nacer en el medio oeste de los EE.UU. en 1923. En esta vida, nunca había estado en Irlanda y no hablaba con el más mínimo acento irlandés -excepto cuando estaba bajo hipnosis y “volvía a vivir” la encarnación de Bridey! Luego habló con un acento irlandés. En el libro de Bernstein, se refirió a Edgar Cayce y a sus notables habilidades, explicando que él había investigado a Cayce y no pudo encontrar fraude o engaño en su proceso. Pensó que, por imposible que parezca, los volúmenes de información en detalle que vienen a través Cayce sobre vidas pasadas no podían ser otra cosa que válidos. Leyendo esto, me decidí a escribir mi artículo sobre el misterio de Edgar Cayce. Debido a que contenía tantos ejemplos de lecturas de Cayce sobre vidas pasadas y karma que afectó a las vidas de las personas presentes, opté por usar el libro más vendido, Muchas Moradas de Gina Cerminara. Tengo una “A” en mi ensayo. Pero más que eso, he desarrollado una gran afición por la información Edgar Cayce sobre vidas pasadas y karma.

Con los años, he leído la mayoría de los libros acerca de Edgar Cayce que existen. Y aunque el “gancho” inicial que me metió en los volúmenes de Cayce era la reencarnación y el karma, fue la mística y la espiritualidad mágica que llena sus discursos lo que en última instancia se convirtió en carne y hueso de mi alma. Mi alma y mente estaban siendo alimentadas por su espiritualidad. No pude conseguir suficiente de su sabiduría y de historias, a pesar de que estaba repleto del lenguaje bíblico de King James y de la terminología cristiana y sus conceptos, cosas que hace mucho tiempo había considerado inadecuadas y muchas veces con prejuicios, incluso racistas y sexistas, y con una terrible historia de violencia. Pero la perspectiva de Cayce sobre los conceptos cristianos era tan abierta y tan amplia, que más allá de los dogmas de la iglesia, doctrina y actos históricos, no podía tener suficiente de él. Sus enseñanzas incluyen budismo e hinduismo. De hecho, él enseñó que cualquier fe que enseña la hermandad de toda la humanidad y de la unicidad de Dios estaba llevando el mensaje de la verdad. En mis veinte años, esto era exactamente lo que yo sentía. Sus convicciones hallaron un lugar sensible y receptivo dentro de mí. Y la organización que construyó en torno a su obra estaba abierta a todas las personas de diferentes orígenes y creencias. Eran personas “normales”, no sectarias, que no viven en los márgenes de la vida, pero están bastante extendidas en nuestra sociedad. Ahora, después de más de cuarenta años de trabajo con el material y los conceptos de Cayce, y la práctica de ellos en mi vida diaria, he reunido algunos de los elementos clave de su espiritualidad en este libro. También he añadido las maravillas descubiertas por la ciencia -maravillas de la vida y la realidad exterior, así como maravillas de la vida interior y de los reinos invisibles. Y al escribir este libro, el material ha vuelto a encender esa llama de entusiasmo que yo tenía a mis veinte años cuando me encontré por primera vez con estas ideas y su gran visión expansiva acerca del propósito y el significado de la vida – la vida del alma. Sinceramente, nunca habría llegado a la conciencia, la vibración y la paz que disfruto hoy en día, sin hablar de la calidad de la gente con la que comparto mi vida, sin haber estudiado y vivido este material. Espero que tú encuentres la luz y la inspiración que yo encontré.

John Van AukenJohn Van Auken es director de A.R.E. y es uno de los oradores más populares de la organización. Viaja a través de los EE.UU. y por el extranjero para responder al público sobre los temas cuerpo-mente-espíritu que se encuentran en las lecturas de Edgar Cayce. Él es un reconocido experto en las lecturas de Cayce, la Biblia, las profecías antiguas, las religiones del mundo, la meditación y el antiguo Egipto. John da seminarios en los EE.UU. y en el extranjero, y es un guía de muchos sitios sagrados alrededor del mundo. Su último libro, Edgar Cayce on the Spiritual Forces Within You ya está disponible para su compra en ARECatalog.com.

Crecimiento espiritual, oración y meditación

oración¿Qué dicen las lecturas de Edgar Cayce sobre el crecimiento espiritual, la oración y la meditación?

Uno de los temas fundamentales de las lecturas se refiere a nuestra relación con la Fuerza Creadora. Por esta razón, durante once años, de 1931 a 1942, Edgar Cayce dictó una serie de ciento treinta lecturas a un grupo de personas interesadas en las leyes espirituales (el Grupo de Estudio n.° 1). Al principio, ciertos miembros del grupo sólo querían aprender a desarrollar sus poderes psíquicos. Cayce les dijo que, más bien, debían esforzarse por progresar espiritualmente. Les explicó que, según sus necesidades personales y el motivo de su presente encarnación, sus facultades extrasensoriales resultarían de su perseverancia en analizar y poner en práctica los principios universales.

La información compilada por el Grupo de Estudio n.° 1 a partir de esa serie de lecturas dio lugar al libro “En busca de Dios”, el cual expone conceptos espirituales aplicables en la vida cotidiana. El mismo nos despierta a la verdad, nos hace entender nuestra auténtica naturaleza divina y nos conduce hacia la Luz. Nos revela el propósito de la existencia y nos ayuda a cumplir nuestra misión en la tierra. Nos brinda paz, esperanza y la sublime felicidad de sentirnos en armonía con el Creador y con nuestros semejantes. Mostrándonos que formamos parte de Dios y somos uno en Él, nos alienta a contribuir a la edificación de un mundo mejor y a convertirnos en nobles instrumentos de la voluntad del Señor, en puras expresiones del amor universal. Los preceptos que ofrece han sido acogidos por gente de todas las tendencias religiosas. Continúan inspirando y transformando a innumerables personas, permitiéndoles elevar su nivel de conciencia a través de la oración, la meditación, la cooperación, la fe, la paciencia y el altruismo. Hoy en día, existen en el mundo muchos ‘grupos de estudio’ – nombre genérico de los grupos de discusión que se reúnen semanalmente para profundizar en los temas abordados en las lecturas de Edgar Cayce.

Según Cayce, somos seres espirituales actualmente encarnados en la tierra. En efecto, el hombre no es un cuerpo físico dotado de un alma, sino un alma que se encuentra en la materia a fin de sacar provecho de sus experiencias y de retornar a la Fuente suprema. En la Biblia también, vemos que el ser espiritual (Génesis 1) fue creado antes que el ser físico (Génesis 2). Puesto que comprender y manifestar nuestra verdadera relación con Dios y la Creación constituyen la finalidad de nuestra presencia sobre la tierra, deberíamos meditar regularmente. Notemos que Cayce ya mencionaba y recomendaba la meditación en 1921, cuando la mayoría de la gente en el mundo occidental ni siquiera sabía lo que era. Se empezó a hablar de la misma en los años 1970, aunque para muchos siguió siendo una noción extraña, propia de las religiones orientales. Desde entonces, abundantes investigaciones clínicas han demostrado su influencia positiva sobre la salud y el bienestar en general. Numerosos médicos la reconocen ahora como una manera eficaz de reducir la hipertensión arterial, de disminuir el estrés y de lograr más serenidad.

meditación

Meditar consiste en aquietar el cuerpo y la mente, y en cesar de concentrar nuestra atención en el mundo exterior, a fin de unirnos a Dios en el silencio de nuestro santuario interior. La meditación actúa favorablemente en el plano físico, relajando el cuerpo; en el plano mental, calmando los pensamientos y las ansiedades; y en el plano espiritual, renovando la energía vital y estimulando nuestros atributos divinos. Esto nos permite llevar una existencia más útil, mejorar nuestras relaciones con las personas que nos rodean y enfrentar con ánimo las dificultades que se presentan. Al dedicar cada día un rato a liberar la mente de las múltiples preocupaciones que la asaltan, vamos recobrando la plena conciencia de nuestra esencia divina. Podemos decir que orar es dirigirnos a Dios y hablarle, mientras que meditar significa escuchar a Dios, dejando que nos instruya y nos guíe la parte de nuestro ser que se halla en constante comunión con el Infinito.

Aplicando algunas reglas sencillas, la meditación está al alcance de todos, e incluso los principiantes perciben los efectos beneficiosos de un período de silencio motivado por un ideal elevado.

  • La primera etapa requiere que se adopte una posición confortable; por ejemplo, sentarse en una silla, con la espalda recta, los pies planos en el suelo, los ojos cerrados y las manos en el regazo o a los costados. Empezar a relajarse efectuando respiraciones lentas y profundas – inspirar hondo y retener un poco el aire en los pulmones antes de espirar despacio. Al mismo tiempo, ir buscando con la mente las tensiones existentes en el cuerpo, y sucesivamente eliminarlas usando la imaginación o masajeando las zonas correspondientes con la yema de los dedos.
  • La segunda etapa radica en concentrarse en un pensamiento pacífico e inspirador, llamado ‘afirmación’: por ejemplo, “la paz me envuelve y reina en mí”, “estoy en un estado de relajación total”, un versículo de la Biblia, un aforismo espiritual como “Dios es Amor”. Conviene impedir que la mente vagabundee o se extravíe en las tareas a desempeñar, lo que acaba de ocurrir en el trabajo, u otras consideraciones. Después de reflexionar sobre el mensaje de la afirmación, analizando cada palabra con cuidado, es necesario impregnarse de su significado. En efecto, las impresiones experimentadas en el ser interior impactan mucho más que las palabras mismas. Así, no basta con repetir “Dios es Amor”, pues es el sentimiento que acompaña esta aserción el que le da su fuerza y su amplitud.
  • La tercera etapa representa la meditación en sí. Consiste en permanecer en silencio, sumergiéndose en los sentimientos producidos por la afirmación. En cuanto la mente se desvía, es indispensable volver a concentrarse, primero en el sentido de las palabras de la afirmación y luego en los sentimientos que éstas suscitan. No desalentarse si la mente divaga: poder fijar la atención en un solo pensamiento exige tiempo. Al principio, observar períodos de silencio de unos cinco minutos, pero ir aumentándolos hasta quince o veinte minutos después de cierto entrenamiento.
  • La cuarta etapa precisa que se envíen buenos pensamientos u oraciones a otras personas antes de concluir la sesión de meditación. Por ejemplo, en el caso de haber elegido el amor como tema central, dirigir este sentimiento hacia los seres queridos y quienquiera que lo necesite.

Practicándola cotidianamente, la meditación se hace cada vez más fácil, y la quietud que emana de esos momentos de concentración silenciosa y de recogimiento se refleja en todos los aspectos de la vida.

A diferencia de quienes sostienen que la mente debe quedar inactiva, porque se deja distraer y altera el proceso de meditación, Cayce declara en las lecturas que el poder creador de la mente puede utilizarse de manera adecuada para alcanzar un alto grado de armonización con la Fuente Universal.

Meditar regularmente propicia la curación física, mental y espiritual. Gracias a las afirmaciones constructivas que empleamos y al ideal que mantenemos durante la meditación, nuestras tendencias negativas desaparecen, siendo reemplazadas por actitudes más positivas.

Por lo general, desperdiciamos horas en ocupaciones que ningún beneficio nos aportan, mientras que un ratito reservado a la oración y a la meditación nos proporcionaría más paz, alegría y plenitud que cualquier otra actividad. Busquemos primero el reino de los cielos, que está dentro de nosotros. La palabra y las promesas divinas son eternas: invoquemos al Señor, sabiendo que somos el templo del Dios viviente, que el Todopoderoso reside en nuestro santuario interior.[1] En el silencio de la meditación, una vez relajado el cuerpo, serena la mente y olvidadas las preocupaciones, nos abrimos a nuestra naturaleza espiritual y nos unimos a la Fuerza Creadora.

Las lecturas de Edgar Cayce subrayan que todos deberíamos meditar, pues la comunión con Dios es primordial. En efecto, el alma, nuestro ser superior, no se complace sino en lo divino y aspira a morar en el seno del Creador. La meditación asidua nos ayuda a comprender y manifestar nuestra relación íntima con el Señor, a aplicar los principios universales en la vida diaria, a distinguir la omnipresencia de Dios, y a prepararnos para que la transición que llamamos muerte constituya un paso adicional hacia el entendimiento cada vez más perfecto del Padre.[2]

1. Véase “En busca de Dios”, libro 1; capítulo “La meditación”; edición 1998, p. 23.
2. Véase “En busca de Dios”, libro 1; capítulo “La meditación”; edición 1998, p. 24.

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Espiritualidad Evolutiva y el trabajo de Edgar Cayce

por Lynn Sparrow Christy

Adaptado de su artículo “ La Nueva Nueva Era : Re -descubriendo las cualidades de vanguardia del trabajo de Edgar Cayce” octubre – diciembre 2013 Venture Inward, los miembros pueden leer el artículo completo en línea en EdgarCayce.org / members.

Edgar CayceA medida que el movimiento de la Nueva Era tomó impulso durante las últimas décadas del siglo XX, Edgar Cayce comenzó a sonar bastante aburrido para muchas personas. Busque una vida de servicio; elimine las tendencias hacia el egoísmo en sus patrones de pensamiento y comportamiento; atienda la salud de su cuerpo con una alimentación cuidadosa, ejercicio y otros estilos de vida; establezca un ideal con el que puedas vivir, realice sus actividades normales de la vida; forme grupos intencionales para fortificar su determinación y sígalos; haga una diferencia en su mundo; ore; medite – ninguno de estos factores tenía el factor sorpresa que parecía alimentar la cultura popular de la Nueva Era. ¿Qué pasa con las experiencias de los estados alterados de conciencia? ¿Qué pasa con grandes logros psíquicos? ¿Qué pasa con el contacto con entidades que figuran en los planos superiores? ¿Qué pasa con el poder de las piedras y los cristales? Aunque las lecturas de Cayce abordan todas estas cosas y en mayor profundidad y sofisticación considerable, a menudo estaban enmarcadas como material para principiantes, simplemente porque no hacen hincapié en el aspecto fenomenal de la senda espiritual.

Si tomamos el tiempo necesario para observar, nos daremos cuenta de que el material de Cayce está a la vanguardia de algunas de las novedades más importantes de la escena espiritual contemporánea. Porque, así como la explosión popular de interés de la Nueva Era en el siglo XX creaba más críticas por su tendencia hacia el pensamiento un tanto narcisista y mágico, otras influencias estaban creciendo junto a él. Influencias que tomaron lo mejor del floreciente despertar espiritual y se asieron a la ciencia, la filosofía, la antropología y la sociología. Influencias que ahora se unen para formar una espiritualidad amplia y prometedora para el siglo XXI que es a la vez “integral” y “evolutivo” en la forma en la que se recurre a diversas fuentes de conocimiento y sabiduría, a fin de participar de manera creativa con un cosmos en evolución, mundo, y la psique humana, una nueva New Age que ha madurado en comparación con su contraparte tardía de finales del siglo XX. Y resulta que la obra Cayce estaba allí todo el tiempo.

Espiritualidad Evolutiva

Al igual que el integrismo, el enfoque ” evolutivo ” hacia la espiritualidad promete reformar la manera en que pensamos acerca de nuestro lugar en este mundo. Para apreciar su impacto, es importante reconocer que la espiritualidad evolutiva va más allá del concepto secular de la evolución del alma, lo que pone en la tierra como el lugar  adonde venimos para aprender lecciones, crecer y trabajar a través de nuestro karma. Desde esta perspectiva, el plano de la tierra a menudo es en el mejor de los casos poco más que la escuela del alma y en el peor de los casos, la prisión de la ilusión de la que tratamos de escapar a la mayor brevedad posible.

Por el contrario, desde el punto de vista evolutivo, la oportunidad de la encarnación tiene tanto que ver con la evolución del cosmos así como con nuestro propio desarrollo. Y la mayoría de los pensadores evolucionistas apuntan a la conciencia humana como la frontera actual de la evolución tal como se manifiesta aquí en la tierra. La fuente divina de la que surgimos tiene una unidad irrefrenable de crear, y estamos en el límite de los avances de la creación continua. Nuestra función principal es la de co -creador y el teatro de nuestra operación creativa es aquí, en este mundo tridimensional de la forma.

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Lynn Sparrow ChristyLynn Sparrow Christy es profesora, escritora y entrenadora de hipnoterapia. Con más de 40 años de experiencia en enfoques tradicionales y alternativos a la espiritualidad y al crecimiento personal, Lynn se ha comprometido a ayudar a los buscadores espirituales de hoy para que encuentren vías auténticas y prácticas para el crecimiento. Su último libro, publicado recientemente por A.R.E. Press, aborda los aspectos “evolutivos” de las lecturas de Cayce Más allá del Crecimiento del Alma: Despertar a la convocatoria de la Evolución Cósmica.

Siente el poder de las afirmaciones

 statementspor John Van Auken

De toda la maravillosa orientación que se crea a través de la sintonía de Edgar Cayce con la Conciencia Universal, el uso de una afirmación es único. Las afirmaciones pueden ayudarnos a cambiar nuestra mente, estado de ánimo y salud y llegar a nuevos niveles de conciencia y felicidad. Él les dio más de un centenar de afirmaciones a las personas que buscaban ayuda física, mental o espiritual.

Desde su perspectiva, una afirmación es un ideal estructurado en un comunicado poderosamente sugerente. Él nos enseñó a articular (en voz alta o en silencio) la afirmación, asegurándose de mantener una conciencia del significado de las palabras, y a hablar con una actitud positiva y con expectativa, hasta que la totalidad de nuestro ser mental se viera influenciada positivamente por el significado. Él sugirió que la afirmación se repitiera de tres a cinco veces, pero el objetivo era lograr una “respuesta positiva completa” desde la parte mental de nuestro ser. Prueba esto. Funciona.

He seleccionado tres de las afirmaciones de Cayce, que se encuentran al final de este artículo. La primera estaba destinada a apoderarse de los deseos, necesidades y actitudes que todos experimentamos en la vida para moverse hacia una condición más superior, más universalmente en sintonía, lo que resulta en una mayor armonía y felicidad en nuestras vidas. Después de compartir esta afirmación, Cayce instruyó fuertemente a la persona a “que lo dejara en sus manos” en lugar de seguir preguntando y dudando en ansiosa espera de resultados inmediatos.  Él quería que la gente sintiera el poder de la afirmación de su yo mental y luego dejarlo ir libre. La razón de esto, explicó, era que las  “fuerzas invisibles” son más poderosas que las que se ven y funcionan de una manera especial. Las fuerzas invisibles funcionan mejor cuando tenemos fe en ellas, una fe demostrada se muestra al permitir trabajar en su camino mágico a través de nuestros cuerpos, mentes, corazones y vidas. Él dijo que el espíritu de la paciencia, la esperanza y la alegría son el suelo fértil en el que las fuerzas invisibles pueden manifestar sus milagros.

La segunda afirmación fue diseñada para ayudar a una persona a encontrar la mejor manera de ser un canal de bendición para otros. Cayce explicó que la frase “entrando y saliendo de mi” (Éxodo 28:35) se refiere a ir al Lugar Santo en nuestro interior, donde Dios se encuentra con nosotros, y sale del santuario de las relaciones con los demás y nuestro trabajo exterior. La ida ocurre en su mayor parte durante el sueño, la oración, la meditación y los momentos de reflexión y tranquilidad.

La tercera afirmación fue diseñada para conectarnos con lo que Cayce llamó “la conciencia de Cristo”, un estado de ánimo y perspectiva que mejor canaliza la energía de la luz y el amor en y a través de nosotros – un excelente estado para experimentar.

“Que mi deseo y mis necesidades estén en Tus manos, Tú [eres el] Hacedor, [el] Creador del universo y de todas las fuerzas y poderes en el interior! Y yo puedo cumplir con mi actitud, mi propósito, mi deseo, a ese Tú que tiene como actividad para mí. ¡Y dejarlo con él, e ir a trabajar!” – 462-8

“Señor, aquí estoy! Úsame en los caminos que Tú sabes que son los mejores. Que mi entrada y salida de mí siempre sea aceptable a Tus ojos, mi Señor, mi Fuerza y mi Redentor “-. 2803-3

“Deja que la mente esté en mí que estaba en Él, que sabía que de Él mismo no podía hacer nada, sin embargo, en el poder de la luz del Padre de todos que pueda yo, que puedan todos, llegar a conocer Su amor mejor. Tu voluntad, oh Padre, que se haga en mí ahora mismo “-. 436-3

Para más información sobre los Ideales, vea el artículo “La importancia de los ideales”, de Kevin J. Todeschi.

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John Van Auken, es un orador de renombre internacional, miembro desde hace mucho John Van Aukentiempo y actual Director de ARE. Es autor de numerosos libros, entre ellos De Karma a Gracia y su libro más reciente, 2038: La Gran Pirámide. Cronología de una Profecía, y es colaborador habitual de la revista Venture Inward. Él es un reconocido experto en las lecturas de Cayce, la Biblia, las profecías antiguas, las religiones del mundo, y la meditación.

La promesa del angel

by Joseph Millard

Su tía tomó una pensionista en su casa, una hermosa joven llamada señora Ellison. Era una mormona devota que había sido maestra de escuela. Se decía que había sido una de las esposas de Brigham Young, un líder carismático de los mormones, antes de que la poligamia fuera declarada ilegal. Una vez superada la conmoción inicial, los padres de la comunidad reunieron fondos y la contrataron para que abriera una escuela. La tía le permitió usar una habitación de la casa para las clases, y fue allí donde Edgar tuvo su primer choque frontal con el amor y el alfabeto.

Fue el caso típico del alumno que se enamora por primera vez debido a que tiene una maestra encantadora y comprensiva. Bajo el influjo de este amor, las primeras píldoras de conocimiento fueron administradas sin ninguna resistencia. La señora Ellison descubrió el interés apasionado del niño por la Biblia y avivó este interés con su propio fervor. Después del horario de clases y por las noches le leía historias bíblicas y conversaban largamente y con franqueza sobre el significado de los versículos. Fue el primer contacto de Edgar con la teología, y parecía quen ada le resultaba suficiente.

—Voy a ser predicador —le dijo con toda sinceridad—, y voy a proclamar la Biblia ante todo el mundo. Pero también me gustaría ser médico, para curar a los enfermos. En realidad, me gustaría poder ser las dos cosas.

—Es posible —le aconsejó la maestra—. Hay medicos misioneros que viajan a países lejanos y se ocupan al mismo tiempo de los cuerpos enfermos y de las almas paganas.

—Entonces eso es lo que me gustaría ser —aseguró Edgar con firmeza.

Para la primavera, podía leer lo suficientemente bien como para leer por sí mismo, aunque con algo de trabajo, algunas historias bíblicas. La señora Ellison cerró su escuela y se fue del pueblo en busca de mejores oportunidades, pero las semillas que había sembrado en la mente del niño habían prendido y estaban echando brotes. A Edgar lo obsesionaba el objetivo de sanar tanto los cuerpos como las almas. Una docena de veces por día se escabullía por el bosque para orar por su concreción.

El niño no tenía amigos íntimos de su edad, ni le interesaban los juegos que ellos disfrutaban. El contacto más cercano que tenía con algunos era a través de los puños. Cualquier niño que mostrara el escepticismo del apóstol Tomás podía desencadenar una explosión del temperament violento que lo iba a atormentar durante toda su vida.

Edgar tenía la firme y simple convicción de que todo lo que se encontraba en la Biblia era verdadero en forma literal y que permanecía inalterable a través de los siglos. Los milagros de antaño todavía eran posibles en personas de fe, y su fe era inquebrantable. «Bueno, pero eso ocurrió hace muchísimo tiempo», razonaba alguno de los niños. «Todos saben que ya no existen los milagros. Edgar, tú podrás orar hasta perder el aliento, pero nunca lograrás que un ciego vea o que un paralítico camine. Tú no puedes hacerlo». «¡Sí que puedo!», gritaba Edgar mientras comenzaba a atacarlo a puñetazos para demostrarle que estaba en lo cierto.

La escuela, bajo una interminable sucesión de maestros y maestras, se convirtió en una gran lucha para el muchacho larguirucho y taciturno. Sin el aliento y encanto de la señora Ellison, Edgar avanzó a grandes pasos hacia el logro del récord de llamadas de atención del condado de Christian. Pasaba más tiempo en el rincón de castigo que en su propio pupitre. No es que fuera lerdo o rebelde, simplemente no podía evitar sumergirse en un mundo propio, alejado del salón de clases y de sus problemas. La lectura era la única asignatura en la que mostraba progresos, debido a que pasaba cada minuto de su tiempo libre leyendo la Biblia de su madre.

Al menos en esto Edgar contaba con la aprobación absoluta de su padre el Juez. Finalmente le regaló al niño su propia Biblia. Edgar nunca olvidaría aquel día memorable: el 14 de enero de 1887, dos meses antes de su décimo cumpleaños.

La familia había vuelto a unirse después de la dispersión. La abuela tenía una casa nueva y confortable. Los hermanos del Juez, que eran varios, habían ido a darle una mano para construir una casa más pequeña para su familia en el bosque junto a la casa grande. Una de las consecuencias de esta reunión fue que Edgar comenzó a ir a la iglesia con su familia. Lo que para otros muchachos era un suplicio resultaba para él una fuente inagotable de gozo. Asistían a la iglesia cristiana, una rama que se separó de la iglesia presbiteriana junto con los campbellitas; tan rotundamente fundamentalista como los baptistas más intransigentes.

Para ese entonces a Edgar se le ocurrió el proyecto de leer la Biblia de principio a fin al menos una vez por cada año de su vida. Al comienzo tenía la tendencia de evitar las interminables genealogías, pero a su debido momento comenzó a interesarse incluso en el linaje de sus héroes.

Para su decimotercero cumpleaños se había puesto al día y ya tenía bien avanzada su decimotercera lectura. Nunca se aburría, porque cada nueva lectura le permitía obtener nuevas perspectivas de pensamiento y le revelaba nuevos puntos de vista que no había descubierto anteriormente y que le entusiasmaban.

Con fe implícita, oraba cada día para obtener el poder de curar y nunca dudó ni por un instante que sus plegarias serían respondidas. Su madre estaba de acuerdo en esto. Pidan y se les dará. Busquen y encontrarán. Estas afirmaciones eran claras e inequívocas, y ella tenía la convicción inquebrantable de que algún día la verdad que reflejaban se manifestaría en su hijo.

Pero mientras gran parte de su tiempo transcurría en el mundo espiritual, Edgar también vivía una existencia física completamente normal y la encontraba llena de escollos. En una de las tan frecuentes ocasiones en que faltaban maestros, el Juez mismo se hizo cargo de la escuela y tuvo la oportunidad de ver bien de cerca las peculiaridades y limitaciones de su hijo. Leslie Cayce nunca había tenido la virtud de la paciencia. La tendencia de su hijo a soñar despierto en clase fue causa de frecuentes y violentos enfrentamientos. Parecía que cuando más intentaba el niño aprender sus lecciones y mantener su atención en los libros, más lejos deambulaba su mente. Poco tiempo después, el Juez le cedió el puesto en la escuela a su hermano Lucian con una severa advertencia: «No sé qué falla con ese hijo mío, pero fíjate que aprenda sus lecciones, incluso si tienes que metérselas en la cabeza a golpes». Por supuesto, el tío Lucian hizo su mayor esfuerzo para cumplir con ese pedido.

Un domingo, Edgar llegó a casa desde la iglesia particularmente movilizado por el mensaje dado ese día. Salió al bosque y pasó la tarde leyendo la Biblia y orando por tener la posibilidad de sanar a los enfermos. Al retirarse a dormir esa noche, su mente seguía llena de fervor. Algo después de medianoche, se dio cuenta de que su habitación se encontraba inundada de un extraño resplandor, más brillante que la luz del plenilunio. Se sentó de repente y vio una figura que se alzaba al pie de su cama. Era una mujer, y en un primer momento pensó que era su madre. Edgar comenzó a hablar y la figura pareció desvanecerse. El niño saltó de la cama y corrió a la habitación de su madre. Su primer pensamiento fue que alguien estaba enfermo y lo necesitaba. Tanto su madre como su padre se encontraban profundamente dormidos y las bebés estaban tranquilas. Regresó a su cama, temblando, sin saber qué había visto pero atemorizado de todos modos.

Mientras se encontraba acostado el resplandor regresó, y se hizo cada vez más brillante hasta que superó a la luz de la luna. De repente regresó la figura. Era una mujer, y en la espalda tenía sombras curvadas que se parecían a las alas de los ángeles en las imágenes bíblicas. Edgar trató de hablar pero tenía la boca seca, y se quedaba sin aliento por el miedo. La mujer sonrió: «No tengas miedo. Tus plegarias han sido escuchadas. Tendrás lo que deseas si sigues siendo fiel. Sé sincero contigo mismo. Ayuda a los enfermos y a los afligidos».

La luz se desvaneció y la mujer desapareció. Edgar corrió hacia el patio exterior que se encontraba bañado por la luz de la luna y cayó de rodillas para agradecer la vision y la promesa.

A la mañana siguiente, después del desayuno, llamó aparte a su madre y le contó lo que había sucedido.

—Hijo, sabía que estabas llamado a realizar un gran trabajo —le dijo abrazándolo con alegría—. Siempre he sentido que Dios te había escogido para un propósito. Pero trata de estudiar tus lecciones con más ahínco para no disgustar a tu padre. Aquel día Edgar se encontraba tan maravillado por su visión que los libros y el tío Lucian bien podrían no haber existido. Para el resto de los estudiantes, el día estuvo condimentado por más choques que lo habitual, que tuvieron su clímax en una larga sesión de castigo después del horario de clases. Cuando finalmente Edgar obtuvo permiso para retirarse, el tío Lucian se dirigió con firmeza a la tienda para contarle al Juez lo sucedido.

—Lamento decirlo, Leslie, pero cada vez me convenzo más de que ese hijo tuyo es sencillamente tonto. Una de dos: o no quiere aprender, o no puede. Hoy tenían que estudiar deletreo, y él estuvo sentado todo el tiempo con la Mirada fija en la lección. Bueno, pensé que esta vez tendría las cosas bien claras, así que le pedí que deletreara la palabra «cabaña». Cabaña, una palabra tan sencilla. ¿Y sabes lo que hizo? ¡Se quedó sentado con la boca abierta y sin siquiera saber cómo comenzar!

—Cabaña… ¡Cabaña! —murmuró el Juez asombrado.

—Perdí la paciencia por completo —dijo Lucian—. Después de reprenderlo, hice que se quedara después de clases para escribir «cabaña» en la pizarra quinientas veces. Lo hizo sin quejarse, pero estoy seguro de que si le pidiera que deletreara esa palabra en este momento no podría hacerlo.

—Mañana va a poder —dijo el Juez entre dientes, y añadió—: Lucian, hiciste lo correcto, pero te prometo que voy a hacerlo aún mejor. En la casa hubo una escena violenta. El Juez era un hombre orgulloso, y saber que su único varón era considerado como apenas mejor que un idiota lo hería profundamente. Arrojó a Edgar sobre una silla, y comenzó el entrenamiento. Una y otra vez el Juez deletreó las palabras de la lección.

—Cabaña: C-a-b-a-ñ-a. Deletréala.

—Cabaña —decía Edgar con gran seriedad—: C-a-b-añ-a. Estudiaba dos palabras más y luego el Juez decía: «Ahora deletrea cabaña».

—Cabaña —decía Edgar como si su mente estuviera en blanco—: K…El manotazo del Juez fue tan fuerte que tiró a Edgar de la silla. Sin embargo, el golpe no sirvió para introducir ningún conocimiento sobre deletreo en la cabeza del niño. Después de tres penosas y dolorosas horas, «cabaña» continuaba siendo uno de los misterios más oscuros de la vida para Edgar, así como el resto de las misteriosas palabras que aparecían en la lección. Finalmente, reducido a un estado de estrangulada impotencia, el Juez Cayce se dirigió con furia a la cocina, donde tomó un trago para aplacar su enojo. Edgar recline la cabeza sobre su manual de deletreo, exhausto tras la terrible experiencia. Cerró los ojos, y escuchó con claridad una voz de mujer en sus oídos: ¿Por qué luchas tanto? Tienes nuestra promesa. Duerme unos minutos y danos la oportunidad de ayudarte.

El niño pensó: ¡Dormir! ¡Voy a dormir un momento!, y sintió que su conciencia se sumergía en un mar de sombras oscuras y soporíferas. El Juez regresó todavía alterado de la cocina y observó enfurecido la figura durmiente. Le dio una violenta sacudida al escuálido hombro del niño.

—Despierta, Edgar. Inútil. Vete a la cama. Sencillamente eres tonto y no tiene sentido tratar de hacer entrar algún tipo de conocimiento en tu cabeza.

—Espera papá —dijo Edgar ansiosamente—. Solamente necesitaba dormir unos minutos. Pregúntame la lección de nuevo. Ahora me sé las palabras. Resoplando, el Juez le dijo una palabra y Edgar la deletreó al instante y sin errores. Continuó deletreando cada una de las palabras de la lección y cada una de las palabras del libro, incluidas las palabras de lecciones futuras que aún no habían estudiado. En un arranque de confianza, le dijo a su padre en qué página se encontraba cada palabra y describió las imágenes que había en esa página, porque su mente le mostraba cada página completa, exactamente como si estuviera viendo el libro. Estaba muy orgulloso de su capacidad recién adquirida.

—¡Ajá! —gritó el Juez finalmente mientras arrojaba el manual de deletreo a través de la habitación—. Te sabías las lecciones todo el tiempo. Pero actuabas como un idiota para atormentarnos y afligirnos a tu tío y a mí. ¡PLAF! Edgar se levantó como pudo del suelo y se escabulló hacia su cama. Le resultó preocupante descubrir que el conocimiento, sin importar cuan perfecto fuera, no necesariamente garantizaba una vida más tranquila.

El Motivo por el I Ayuda

El motivo por el I Ayudapor Toni Romano

Tengo curiosidad por saber qué es lo que motiva a la gente a ser voluntaria, a dar su tiempo, su talento y su dinero para esta Obra. ¿Qué nos motiva a servir, además de la grandeza de las lecturas de Edgar Cayce? Me gustaría compartir con ustedes un relato de cómo llegué a este servicio, y me encantaría conocer su historia también.

Me crié en una iglesia cristiana evangélica que enfatizaba dar TODO de uno mismo al Señor. Eso significaba nuestro tiempo, nuestro talento y nuestro diezmo-¡y más si había una campaña o proyecto que necesitaba fondos adicionales! Esto no se cuestionaba en nuestra casa. Si las puertas de la iglesia estaban abiertas, nosotros estábamos allí!

Teníamos que tomar un autobús a la ciudad, cambiar de autobús en el centro de la ciudad, y tomar un segundo autobús a la iglesia. Y cuando se cobraban los cheques, el diezmo se ponía en el sobre para las ofrendas del domingo en la mañana. ¡Esto fue durante la Segunda Guerra Mundial y nuestro padre estaba en el Pacífico Sur defendiendo a nuestro país! Así que “nosotros” era mi madre, la abuela materna y su hermana.

A la tierna edad de siete años, encontré mi camino al altar para dar mi corazón al Señor. Yo sabía desde muy joven que iba a dedicar mi vida al servicio de Dios. Enseñé en la escuela dominical en mi adolescencia, que tenía lugar en las oficinas de nuestra Comunidad de Jóvenes, asistí a nuestra universidad de la iglesia, me especialicé en Educación Cristiana, y me casé con un estudiante ministerial. Las actividades de la Iglesia y sus miembros constituyeron la mayor parte de mi vida hasta que cumplí treinta años.

Mientras mi marido era co-pastor de una iglesia después del seminario, el movimiento de derechos civiles había nacido y nos hicimos muy activos. Los “padres” de la iglesia determinaron que ser activo en derechos civiles no era una expresión de gracia del ministerio y le quitaron las credenciales a tres de los ministros activistas, incluyendo a mi marido.

Es posible suspender las credenciales, y es posible cambiar su lugar de trabajo, pero una vida de servicio no cambia. No importaba si estaba trabajando como voluntaria en la escuela de mis hijos, enseñando en un aula de la escuela pública, trabajando en un programa de la comunidad o en la burocracia estatal. El mismo sentido de dedicación y compromiso es el que me motivó a darlo todo en el servicio. Sin embargo, lo que experimenté en ese momento de mi vida era que el servicio en sí mismo no era suficiente. Mi alma estaba hambrienta. Empecé a buscar más sentido a mi vida.

El motivo por el I AyudaSe empezó a abrir una puerta tras otra -un fin de semana de yoga con mi hermana, un interés en la astrología (aprender sobre el anteproyecto con el que nací), aprender a meditar con un compañero de trabajo y, como el destino quiso, ¡conectarme con alguien en una reunión del gobierno estatal que se convirtió en mi primer maestro espiritual y consejero!

Esa relación me llevó al material de Edgar Cayce y a ARE en 1983. Yo estaba realizando un cambio importante en mi vida, dejando un matrimonio de 26 años, un hogar cómodo, y ¡empezando a vivir mi vida por primera vez! Y aquí está esta “niña” de los campos de maíz de Illinois mudándose a la gran ciudad de Chicago. Yo conocía sólo a dos personas en mi primer trabajo, y ¡eso era todo! Mi consejero me dijo que buscara un grupo de estudio de Edgar Cayce. ¿Quién era este Edgar Cayce? ¿En qué me estaría metiendo yo? ¡Si ella lo dijo, yo confiaba en ella!

Busqué y busqué los papeles hasta que un día me encontré con un anuncio del programa de A.R.E: Encontrar el propósito de su alma, con Mark Thurston. Fui al programa, me hice miembro, y creé “Búsqueda de Dios” un grupo de estudio ¡a cuatro cuadras de donde yo estaba viviendo y trabajando! En ese mismo momento puse un pie en el camino correcto en mi vida!

Los principios de Cayce me han dado una mayor comprensión sobre “una vida de servicio”, que comenzó cuando tenía siete años de edad. Ahora veo que esta elección era en realidad mi IDEAL. Cada vez que un ejercicio de grupo se centraba en el descubrimiento de los ideales, me venía a la mente el ideal del Servicio– no es de extrañar. Mirar el Ideal, desde una perspectiva espiritual, mental y física le daba mucho más sentido al Servicio. En un momento dado, me encontré a mí mismo afinando el Ideal, añadiendo Servicio amoroso. Eso me hizo más consciente de “cómo” estaba dando servicio.

Cuando me puse totalmente absorta en el ajetreo del trabajo, me di cuenta de que estaba descuidando las prácticas espirituales para mantenerme centrada. ¡No me gustaba cómo iba mi vida! La próxima vez que trabajé con mi ideal, añadí el Regocijo en el Servicio amoroso para recordarme que no es el hacer lo que es tan importante sino la forma en la que nos comportamos cuando estamos sirviendo. Así que me ha llevado a un ideal de Amor, gozo, y paz.

Y esa es mi historia… ¡hasta ahora! Si está inspirado a compartir su historia y lo que le motiva a dar su tiempo, su talento y su apoyo financiero a este trabajo, me encantaría saber de usted. ¡Amor y bendiciones!

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Toni Romano posee una maestría en ciencias como Consejera de Desarrollo Humano por la Universidad de Illinois. Es miembro vitalicio de A.R.E. Ha sido miembro de un grupo de estudio durante 30 años. Ella trabajó como Coordinadora de la Región Central de Heartland y en el Chicago Center durante 9 años antes de mudarse a Virginia Beach, donde trabajó como coordinadora de promoción para la sede de ARE por 9 años. Actualmente es una facilitadora para la Transformación Personal y Courage Institute, Inc. en Internet en TransformationandCourage.org. Trabaja como voluntaria para el Call Center de A.R.E. y es miembra activa de Ayudantes Curativas alegres en el Grupo de Oración. Por favor envíe sus historias a ConnectWithToni@gmail.com.

La importancia de los ideales

Ideals blog directionPor Kevin J. Todeschi

En diferentes épocas de nuestra vida, todos nosotros nos preguntamos qué es lo que deberíamos estar haciendo, adónde deberíamos ir, o cómo podríamos llenar ese vacío especial que Dios tiene en mente para nosotros. A menudo nos encontramos en busca de algo, pero inseguros de lo que es. Uno de los principios más frecuentemente mencionados en las lecturas de Edgar Cayce es el concepto de los “ideales”, y es este mismo principio el que nos puede proporcionar un enfoque para responder a esta llamada interior.

Debido a que las lecturas nos recomiendan escribir nuestros ideales -física, mental, y espiritualmente- podríamos creer que esto es un trabajo de una sola vez. Podríamos asumir que llenar las columnas en un gráfico con los ideales o tomar notas es algo que nunca más necesitaremos repetir una vez escrito en el papel. Y, sin embargo, Cayce dejó claro que el trabajo con los ideales debe convertirse en una actividad frecuente en nuestras vidas – algo que nos desafía, alienta e incluso empuja a iniciar una obra maestra personal al nivel del alma. Con este enfoque, la comprensión de las lecturas en ideales provee ayuda para manifestar en nuestras vidas lo mejor que tenemos para ofrecer a nuestro mundo, a Dios, y a nosotros mismos.

En términos sencillos un ideal es la influencia que motiva nuestras vidas. En ello subyace la intencionalidad de por qué hacemos lo que hacemos. Es como una estrella que nos guía en la oscuridad de la noche, y lo que nos permite concentrarnos en la dirección deseada.

Mientras un “objetivo” es algo alcanzable, según la terminología de Cayce un “ideal” siempre nos mantiene en el desafío y nos amplía. Es realmente un modelo de motivación que guía nuestras vidas. Un ideal personal es como los rayos del sol que pueden calentarnos la cara mientras miramos hacia él. ¡Uno no puede dejar de reconocerlo cuando está mirando de frente!

Lo que puede sorprender desde la perspectiva de las lecturas “es que todo el mundo trabaja con ideales, incluso si se hace inconscientemente. Por ejemplo, en la lectura # 1011-1 se le dijo a la persona: “Cada persona física, sea consciente de sí misma o no, pone ante sí un ideal en el mundo material, en el mundo mental, en el mundo espiritual.”

En última instancia, aquello en lo que un individuo se suspende, es en lo que se convierte.

Puesto que los ideales dan forma a nuestras vidas, y a nuestras experiencias, e incluso en lo que nos convertimos, por definición, debe ser extremadamente importante. Pero Cayce va incluso un paso más allá. Como le dijo a una persona: “Y lo más importante, la experiencia más importante de esto o de cualquier persona física es saber primero cuál es el ideal-espiritualmente.”
(357-13)

No sólo es muy importante, es la cosa más importante que podemos hacer.
El reto de trabajar con los ideales parece ser que nos anima a ir más allá de un simple ejercicio intelectual personal. El siguiente paso es ser capaz de trazar estratégicamente cómo nuestros ideales afectarán las interacciones con los demás, nuestro entorno y hasta nosotros mismos. Luego, tenemos que estar preparados para actuar sobre ellos, para ponerlos a prueba.

Los cambios que estamos buscando en el proceso de trabajar con los ideales deben estar dentro de nosotros mismos. A pesar de que el sentido de una “situación ideal ” o de una “relación ideal” puede incluir condiciones cambiantes o que otra persona cambie, Cayce hizo hincapié en que el auto-cambio es la clave.

“En primer lugar, conozcan su ideal, espiritual, mental, material. No tanto en cuanto a lo que le gustaría a otros a ser, pero como pueden ser sus relaciones ideales con los demás “(1998-1)

Muchas personas han encontrado que la clave para que un ideal espiritual práctica en sus vidas materiales es trabajar con un concepto frecuentemente mencionado en las lecturas de Cayce: “El Espíritu es la vida, la mente es el constructor, y la física es el resultado” Esa secuencia de tres partes sugiere un proceso en tres partes para establecer los ideales.

1. El primer paso es tomar una hoja de papel y dibujar dos líneas verticales para crear tres columnas. Titula la primera columna “Mi Ideal Espiritual”, la segunda “Mis Actitudes Mentales Ideales” y la tercera “Mis Actividades Físicas Ideales “. A pesar de que las lecturas de Cayce nos animan a elegir un ideal espiritual difícil, se recomienda que el ideal espiritual que elijamos sea algo que podamos entender, trabajar, y ver que se manifiesta progresivamente en nuestras vidas. En última instancia, un ideal espiritual es la más alta calidad “espiritual” o el logro que podemos esperar nos han motivación en nuestra vida en estos momentos. La palabra “espiritual” tiene connotaciones de ver la vida de manera más amplia que un simple punto de vista materialista.

Para algunas personas, un ideal espiritual está más estrechamente relacionado con el modelo de vida establecido por Jesús. Para otros puede ser una cualidad distinta, como “amor ” o ” bondad ” o ” perdón. “Muchas personas han encontrado que es útil elegir esa cualidad o atributo que está actualmente ausente o inexistente en sus propias vidas y en sus relaciones con otros. Al observar  la variedad de relaciones y situaciones a las que nos enfrentamos, ¿cuál es la calidad que más profundamente necesitamos? Por ejemplo, tal vez podamos encontrar que más que nada tenemos que ser más “indulgentes ” o más ” comprensivos ” en nuestra interacción con los demás. Por supuesto, esta es solo la cualidad que se necesita en estos momentos más que cualquier otra. A medida que pasan los meses y los años, cambiamos y crecemos. Como es natural, la palabra o frase que podríamos optar también cambia y evoluciona. Ese es el rasgo dinámico de trabajar con los ideales en la tradición de Cayce.

Consideremos un ejemplo más concreto: Supongamos que nuestro ideal espiritual está  siendo el del “perdón”. Hemos elegido esa cualidad especial porque parece tan fundamental para lo que ahora sabemos que tenemos que mejorar en una serie de situaciones difíciles. También describe un sentido de la vida que nos eleva de lo material, y de las causas y efectos de dirigir nuestras vidas. Encontramos que el perdón es una cualidad espiritual, por este impacto inspirador que puede tener en nosotros. Y así, la palabra “perdón” se escribiría bajo la primera columna, que previamente hemos etiquetado como “Mi ideal espiritual”.

2. En la segunda columna, podemos empezar a enumerar “Mis Actitudes Mentales Ideales.” Son estados de ánimo y formas de pensar que ayudarán a construir ese espíritu de perdón en nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos. ¿Cuáles pueden ser algunos de estos ideales mentales? Tal vez la “compasión ” sea una actitud que queremos trabajar en relación con un padre frustrante, tal vez la “apertura” es la actitud mental que queremos mantener con una hija con la que hemos estado teniendo dificultad y posiblemente la “paciencia ” que describe esa actitud para usar con nosotros mismos. Nuestra lista de ideales debe enumerar a  las personas clave en nuestras vidas con las que tenemos que ejercer este ideal espiritual del perdón. Y una vez que hayamos terminado de escribir nuestras entradas, la segunda columna enumerará las actitudes mentales positivas que constituyen la base de una persona que perdona, es decir, hacia la plena realización de nuestro ideal espiritual.

3. Pero esto todavía deja la tercera columna – ideales físicos – como la más detallada. Es el único lugar para escribir todas aquellas actividades físicas que haremos en relación con las personas o situaciones específicas. Las entradas en la columna titulada
“Mis actividades físicas ideales” deben estar vinculadas a las actitudes mentales con las que acabamos de hacer un compromiso. Por ejemplo, en la relación con nosotros mismos y la actitud mental de “paciencia “, tal vez cada uno de los siguientes puntos serían actividades ideales para ayudar a fomentar la paciencia y el auto-perdón:
1) dejar de decir (o pensar) “no puedo”;
2) hacer una lista de todos los casos en que he sido perdonado por algo;
3) comenzar a orar que voy a tener la resistencia resuelta para seguir adelante.

Para cada actitud ideal y relación importante, debemos tener al lado una lista de actividades con las que vamos a trabajar. Estos son nuestros ideales físicos – nuestras actividades que se pueden trazar los medios para lograr el ideal espiritual al mundo material. Sabremos que se ha progresado con nuestro ideal espiritual cuando la actitud mental en la lista de ideales se convierte en nuestro estado mental habitual y la actividad física se convierte en nuestro listado de respuesta automática y natural. A medida que realmente comenzamos a trabajar con los ideales, hasta que se convierten en una parte de lo que somos, podemos elegir una dirección, -un destino más desafiante y más brillante hacia el que podemos dirigir nuestras vidas. Lo importante es trabajar con nuestros ideales, porque vamos a descubrir qué es lo que debemos hacer en las situaciones en que nos encontramos. La vida tiene un propósito. Establecer y aplicar los ideales es la mejor manera de descubrir ese propósito.

A medida que trabajamos con los ideales, vamos a descubrir que tienen que ser ajustados, y llegan a ser aún más difíciles con el paso del tiempo. Por ejemplo, si uno de nuestros ideales físicos es “delicadeza en la expresión”, podemos encontrar muchas maneras de trabajar con ella – incluso a la mesa en el desayuno. Esos esfuerzos deliberados continúan hasta que se convierte en una parte natural de nosotros. Una vez que la conversación coincide con “la delicadeza de expresión”, podríamos extendernos un poco más y reformular ese ideal físico para estar “actuando de una manera amistosa”. Ahora tenemos un nuevo conjunto de retos y espacio para un mayor crecimiento. Este mismo tipo de expansión puede darse con cada uno de nuestros ideales físicos, nuestros ideales mentales, e incluso el propio ideal espiritual.

En última instancia, Hay Un Ideal

Aunque las lecturas nos invitan a “elegir un ideal personal”, también afirman que “sólo hay un Ideal. ” A una persona se le dijo: “No hay una manera, pero hay muchos caminos. ” (3083-1) En esencia, esto sugiere que cada uno de nosotros se está moviendo hacia un “ideal supremo.” Si queremos llamar a ese ideal “la perfección”, o la “Conciencia de Cristo” o “la Conciencia de Dios” o cualquier término que sea más cómodo, el ideal último es el más alto logro espiritual posible. Sin embargo, cada uno de nuestros ideales más pequeños (como “amor” o “servicio” o “bondad”) puede servir de base hacia ese ideal más alto.

Ideas vs. Ideales

Aunque cada uno de nosotros puede tener diferentes ideas, planes o metas sobre cómo deben hacerse las cosas, las lecturas nos informan que – a pesar de todas nuestras diferencias, podemos compartir una vía común. Incluso durante la crisis y el caos internacional de la década de 1930, las lecturas dieron una “receta” que podría servir para unir a toda la humanidad. A pesar del hecho de que cada nación tenía ideas diferentes, Cayce sugirió que el mundo podría compartir un ideal común. Ese ideal fue su “respuesta al mundo”:

“El mundo como un mundo… ha perdido su ideal. La humanidad puede no tener la misma idea. ¡El hombre – todo hombre – puede tener el mismo ideal! … que sólo puede venir con todos compartiendo un mismo ideal, no la idea, pero ‘¡Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, a tu prójimo como a ti mismo! “Esta [es] toda la ley, esta [es] la respuesta completa al mundo, a todos y a cada alma. Esa es la respuesta a las condiciones del mundo, tal como existen hoy en día.”(3976-8)

En repetidas ocasiones, las lecturas nos invitan a tomar conciencia de lo que estamos construyendo dentro de nosotros mismos. ¡En última instancia tendremos la oportunidad de saberlo! A medida que trabajamos con un ideal de conciencia, no sólo nuestra dirección se hace más clara, pero el ideal se convierte en una parte viva y en una parte del aliento que somos a nivel del alma. Un ideal es como un tapiz personal que creamos una cosida a la vez. Se puede trabajar, subsanar y trabajar otra vez hasta que el resultado final sea algo que podemos compartir con orgullo en nuestras interacciones con los demás. Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de decidir conscientemente quien queremos llegar a ser, así como el tiempo que tardamos en conseguirlo.

“Así, las advertencias de que existe la seguridad en sí mismo de lo que es el ideal, no sólo desde un punto de vista religioso o teosófico o teológico, pero de acuerdo a lo que es tu ideal del hogar, de la vida en el hogar, los amigos, la amistad, las relaciones con las personas, y las condiciones que rodean a la entidad; físicamente, sí; mentalmente, para estar seguro, pero sobre todo espiritualmente”. ( 2428-1 )

Kevin J. Todesch es el Director Ejecutivo y CEO de Edgar Cayce de ARE y Atlantic University así como un popular autor y conferencista. Como estudiante y el profesor especialista en Cayce hace más de treinta años, ha dado conferencias en los cinco continentes. Un escritor prolífico, es autor de veinte libros, incluyendo los best-sellers Edgar Cayce y los Registros Akáshicos, Edgar Cayce y compañeros del alma, y Edgar Cayce y las vibraciones. Su último libro, Edgar Cayce y Auras y Colores: Aprende a comprender el color y ver las auras fue escrito con la psíquica profesional Carol Ann Liaros y explora técnicas para ver el aura humana y para comprender la interpretación del color.

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