Por el amor de los animales

Jennie Taylor Martin

dog-lionNací el más joven de siete hijos. Esto fue en la década de 1960 cuando las familias grandes no eran infrecuentes. Aunque hemos tenido problemas financieros, siempre tuvimos mascotas. Más específicamente, teníamos un perro de familia, y yo tenía ratones, tortugas y un pájaro (gatos, conejos, jerbos y los conejillos de indias vinieron después). Mi madre sabía que yo tenía una pasión por los animales, y a pesar de la situación económica de mi familia, ella siempre apoyó mi amor por los animales al permitirme tener mascotas y me llevaba al zoológico tan a menudo como podía.

Poco antes de mi noveno cumpleaños, mi padre se murió. Fue de repente e inesperado, y esto puso a nuestra familia en un camino completamente diferente. Dondequiera que íbamos antes, ya no íbamos. Yo era joven, pero entendí lo que había pasado. Yo sabía que mi padre se había muerto. Yo tenía un concepto del cielo que provenía de la iglesia -asistía a la escuela dominical cada semana e iba a la escuela bíblica de vacaciones durante el verano. Yo sentía una completa confianza en que mi padre estaba en el cielo.

Pero lo que yo quería saber era si los animales iban al cielo también. Durante ese período de tiempo en la vida de mi familia, mientras permanecíamos con mi tía y en la casa del tío, mi joven cerebro estaba tratando de separar lo que yo creía y lo que todavía cuestionaba, así que le pregunté a mi tía, “¿van los animales al cielo?” Su respuesta fue: “no, no lo hacen.” Yo adoraba a mi tía. La admiraba y la respetaba. Pero su respuesta me rompió el corazón y puso en tela de juicio mi joven fe. Yo le dije lo que sentía sobre el tema. “Si los animales no van al cielo”, le dije, “entonces yo no quiero ir allí.”
There-is-a-RiverAvanzando varios años, y cuando era adolescente empecé a leer libros de carácter metafísico, como IIlusions, de Richard Bach. Mi mamá y yo teníamos el mismo gusto en materia espiritual, pero a pesar de que era consciente de Edgar Cayce , no se enteraron de él hasta que yo estaba en mis veinte y pico años cuando, en circunstancias sincrónicas, terminé trabajando en ARE en el Departamento de Membrecía. Fue en 1988 cuando leí por primera vez There Is a River, y fue entonces cuando mis estudios espirituales realmente comenzaron a despuntar.

Al mismo tiempo, me había convertido en un voluntario en el zoológico local que mi familia había visitado todos esos años de mi infancia. Mi amor por los animales sería siempre una parte de mi naturaleza, y no importa lo que he leído o estudiado, en el fondo de mi mente siempre estaban las palabras de mi tía y mi deseo de demostrar que están equivocados, porque yo quería ir al cielo, pero yo quería que los animales también fueran.

De vuelta en la década de 1980, las lecturas de Cayce aún no estaban en forma electrónica. Si quería investigar sus lecturas, había que leer bien los libros y otros materiales de autores que habían hecho la investigación y publicado sus obras, o tenía que ir físicamente a la biblioteca del ARE y leerlos directamente. No había trabajos publicados sobre Edgar Cayce o animales que pudiera encontrar. Era natural que empezara a investigar que tenían que decir las lecturas de Cayce acerca de los animales. Quería saberlo todo. ¿Cuál era su naturaleza? ¿Tienen alma? Y, por supuesto, ¿vivían más allá de la muerte? Mi investigación se inició al principio con esta lectura:

“El espíritu empujó a la materia -y se convirtió en lo que vemos en nuestro mundo tridimensional como los reinos de la tierra; el mineral, el vegetal, el animal- un mundo tridimensional. “(Edgar Cayce Lectura 262-114)

Esto me recordó los versos de la creación en el Génesis, pero con una mayor profundidad. Al ver a los animales como un reino espiritual y una expresión del espíritu, ya que habían sido “empujados en la materia” era un concepto interesante para mí. Quería entender esto mejor, y también necesitaba saber qué se entiende por reino, por lo que mi investigación continuaba. He encontrado más en esta lectura:

“En el mundo material, donde nos encontramos con expresiones de lo físico y de lo espiritual, nos encontramos con la Mente. Sin embargo, lo que se conoce como la Mente Grupal-o el del reino vegetal, el reino mineral y el reino animal… regresa (como es su Destino) a la Fuerza Creativa que es su autor, su creador. EL HOMBRE -el agente de libre albedrío … hace su destino en cuanto a su mente … es uno con o en contra de las Fuerzas Creativas “. (Edgar Cayce Lectura 262-80)

Este concepto de una Mente Grupal me sonaba como lo que llamamos instinto animal. Yo no siento que esto significara que los animales pudieran ser también individuos, sino más bien me acordé de que los animales están llenos de inocencia. Como esta lectura parece indicar, eso es porque los animales están siempre de acuerdo con las fuerzas creativas. Mientras que los seres humanos-con el libre albedrío-pueden actuar de manera “destructiva” pueden ir en contra de las Fuerzas Creativas, esta lectura parecía estar diciendo que los animales no pueden.

Los animales que viven de acuerdo con la ley natural, o las fuerzas creativas; esto es, a menos que estén bajo la influencia de la libre voluntad de un ser humano. Y sí, un ser humano puede enseñar a un perro a no orinar en la casa, y sí, un ser humano puede enseñar a un elefante a actuar en un circo, pero estos son comportamientos no naturales provocados por la fuerza de voluntad de un ser humano (para bien o para mal) y no de acuerdo con la Mente Grupal de los animales (es decir, el instinto o la naturaleza natural).

Debido a la libre voluntad de los seres humanos, que se puede utilizar de forma constructiva o destructiva, los animales dependen de nosotros para su bienestar. Como se dijo en el libro del Génesis, nosotros tenemos dominio sobre los animales y la tierra. Pero ya que tenemos libre albedrío, es nuestra elección cómo ponerlo en marcha-para mal o para bien, en desacuerdo o de acuerdo con las fuerzas creativas.Venture Inward Magazine_Mar 2014

Extracto de un artículo publicado en la edición de enero-marzo 2014 en la revista Venture Inward. A.R.E. los usuarios pueden leer el artículo completo en la sección de miembros en línea en EdgarCayce.org/members.

The English version is available at EdgarCayce.org/blog.

Jennie Taylor Martin

Jennie Taylor Martin es directora de marketing de A.R.E. y ex directora de la Fundación PETA para la protección de los animales. Por amor y respeto a los animales, ella eligió comprometerse con un estilo de vida vegetariano en 1996. Actualmente está escribiendo un libro sobre este tema y da la bienvenida a historias de experiencias que hayan tenido con la posible reencarnación de los animales y con los animales y la vida futura. Pueden escribirle a ARE@edgarcayce.org.

Algunas notas acerca de Halloween de un supernaturalista

Darrin W. Owens

shutterstock_4601434Ya Halloween está a la vuelta de la esquina y nos trae a la mente imágenes fantasiosas de fantasmas, calabazas, y la silueta de una bruja volando por la luna. Siempre me ha gustado Halloween; no sólo por el ambiente de fiesta, sino también para mí, la verdadera esencia de ser un momento en que el velo entre nuestro mundo y lo sobrenatural parece estar en su parte más delgada. Los antiguos sabían que lo sobrenatural era tan natural como el aire que respiramos, y Halloween era un día para estar al tanto de ello.

Desde el comienzo de los tiempos la humanidad ha estado fascinada, incluso obsesionada, con el mundo invisible que existe a nuestro alrededor. De la comunión de los espíritus en forma de  rituales sagrados realizados por nuestros antepasados a la saturación de lo paranormal de los “reality shows” de hoy en día, hay en nuestra esencia, un profundo deseo de conocer y convivir con el misterio detrás de la cortina invisible que separa nuestro mundo del “ellos.”

Sinceramente, creo que incluso en los más escépticos siempre subyace ese misterio acerca del más allá y lo desconocido. Yo nací en un mundo de fantasmas y folclore. En las montañas de Ozark de Arkansas, todavía vive una rica tradición de espiritismo y magia. Incluso debajo de la zona del cinturón de la Biblia todavía se puede sentir que hay un misterio y una maravilla sobrenatural en “esas colinas.” Las almas que perdieron su vía hace cientos de años atrás todavía vagan en su estado de sueño sin tiempo, perdidas en los bosques oscuros de los Ozarks. Yo los he sentido allí. He oído los gritos solitarios que llaman desde un mundo más allá del nuestro. Desde mis primeros años, lo sobrenatural era natural para mí. Mi abuela llenó mi infancia con historias de su propia infancia y  cosas se movían por la noche, fantasmas que subían escaleras que crujen, y milagros espirituales de sanación realizados por brujas abuelitas que sabían de hierbas y encantos. Yo no sabía en ese momento que mi abuela me contaba sucesos reales y me estaba ayudando a desarrollar mis propias habilidades para ver estas cosas y mantener mi mente abierta para aceptar diferentes realidades.

Convertirse en un supernaturalista

Mientras investigaba para mi próximo proyecto de libro sobre lo sobrenatural, descubrí una etiqueta que me parece encajar perfectamente: es el Supernaturalismo. El término “sobrenaturalista” no es una palabra que se oye con demasiada frecuencia. Cuando se pronuncia en voz alta suena con un tono muy misterioso. El diccionario de inglés Collins define esta palabra elusiva mejor: “una persona que cree en las fuerzas o agentes sobrenaturales que pueden producir efectos en este mundo”; o “que se caracteriza por la creencia en fuerzas o agentes que producen efectos en este mundo.”

En general, podemos ver lo sobrenatural como una manifestación de lo  no terrenal –extraño y milagroso- y un supernaturalista vive en constante conciencia de su presencia elusiva. La definición de supernaturalista menciona que los reinos sobrenaturales producen efectos en la realidad. Esto es precisamente lo que ocurre en mi trabajo. Estoy viendo, sobre todo en los últimos años, el velo entre nuestro mundo físico y el mundo sobrenatural adelgazando a un ritmo creciente. Estamos, de hecho siendo afectados por estas dimensiones de otro mundo por la acción que se está adoptando en ambos lados para levantar la cortina y ver lo que hay allí. No sólo somos curiosos, pero los seres, entidades y otras criaturas sobrenaturales en el “otro lado” están curiosos acerca de nuestro mundo también. Con los años la mayoría de nosotros nos hemos preguntado, si de verdad hay realmente algo ahí fuera. Estoy aquí para deciros que la verdad está viviendo aquí en nuestros propios patios traseros. La película muy popular de magia y la exitosa serie de televisión Supernatural son a la vez testimonio de lo que se está revelando como una realidad. Siempre sé cuando algo está cambiando en el cerebro global al verlo, ya que comienza a reflejarse en nuestros medios de comunicación de la cultura pop actual. Definitivamente, usted puede ver esto actualmente en la gran cantidad de series televisivas sobre lo paranormal y lo sobrenatural.

En este Halloween recuerda que hay muchas mansiones y habitantes en el universo multidimensional de Dios que eventualmente emerge de las nieblas en las que reside. Muestra respeto ante ellos. A medida que despertamos hacia nuestros seres espirituales nos movemos  más cerca hacia otros misterios más universales más allá del velo.

DarrinEdit-01Darrin William Owens es un medium reconocido internacionalmente, maestro espiritual y autor de best-sellers. Tiene más de 20 años de intensa investigación y experiencias espirituales. Él es un experto reconocido en el campo de la conciencia superior, la espiritualidad, el misticismo y la conciencia del alma viviente. Su último libro, Mysteries of the Supernatural, fue publicado por la A.R.E. 4 dimension.

Puertas peligrosas para el subconsciente

charlie-charlie-challengeLa ouija, escritura automática y el desafío CharlieCharlieCharlie

SI, las lecturas de Edgar Cayce brindan un estímulo directo sobre cada uno de nosotros en el sentido de que somos en potencia nuestro mejor psíquico y cada uno puede acceder una guía personal a cualquier hora. De hecho, Cayce ofreció una gran cantidad de información con respecto a cómo el subconsciente puede abrirse de manera segura a través de la meditación, el trabajo con los sueños, trabajo personal sobre crecimiento espiritual, desarrollo de la empatía, aprender a reconocer corazonadas psíquicas, etc. Sin embargo, las lecturas proveen muchas historias de precaución sobre los peligros de abrir el subconsciente, algunas de las cuales se detallan en el libro de Hugh Lynn Cayce  Venturing Inward.

spirit-doorway(1)Después de haber tenido la maravillosa oportunidad de editar recientemente el 50 aniversario de la reedición del clásico libro de Hugh Lynn Cayce, me acordé de los verdaderos peligros asociados con cosas tales como la escritura automática y tableros de Ouija e incluso del “nuevo giro” en este viejo peligro llamado el “desafío Charlie-Charlie.” Literalmente, decenas de millones de personas ya han llamado la atención sobre este juego utilizando el hashtag #CharlieCharlieChallenge. Basándose en la misma premisa de la escritura automática y la ouija, los jugadores esencialmente nivelan lápices sobre las palabras “sí” y “no” en un pedazo de papel y hacen preguntas. Según se informa, las preguntas son contestadas por un demonio llamado “Charlie”, que mueve los lápices con la respuesta apropiada.

bibleAntes de salir corriendo e intentar jugar, podría ser útil saber que Hugh Lynn Cayce trabajó con un sinnúmero de personas en los últimos años que se habían abierto inadvertidamente a sí mismos a la”posesión” por jugar lo que ellos pensaban que eran juegos “inofensivos”. El desafío es que una vez que una entidad desencarnada (un muerto que no quiere estar muerto) encuentra un “oído” receptivo, el espíritu del difunto no está demasiado dispuesto a soltarlo. Venturing Inward incluye muchas historias de cómo este tipo de juego llevó a conexiones con los espíritus que intentaron apoderarse de la vida de una persona, romper su matrimonio (a veces incluso comienzan una relación “sexual” con el individuo), causando la pérdida de puestos de trabajo, etc. Este tipo de juegos no son inofensivos en lo absoluto, sobre todo para los que son vulnerables debido a drogas o alcohol, lesiones de la columna vertebral, confusión hormonal de la pubertad, y la mala salud. Y una vez que el desencarnado tiene una conexión, puede ser muy difícil de eliminarla.

dreamingSiempre que las personas iban a hablar con Edgar Cayce y preguntaban acerca de cómo lidiar con este tipo de experiencias -experiencias que pueden incluir cosas tales como sentir la presencia de un fantasma, sentir que alguien está invadiendo sus pensamientos psíquicamente, escuchar voces, o que alguien está recogiendo en la información psíquica no deseada  -sus sugerencias incluyen una variedad de enfoques destinados a reforzar las defensas físicas, mentales y espirituales del cuerpo:

  • Considere la posibilidad de ver a un osteópata o quiropráctico para asegurarse de que no ha habido un problema de columna vertebral que está causando presión sobre el sistema nervioso. A menudo, las personas sin saberlo, se abren a otros reinos de la “realidad” a causa de un problema o lesión de columna.
  • Tenga una dieta sana y equilibrada y duerma suficiente. No se salte las comidas o coma mal. Una de las maneras más fáciles de seguir teniendo problemas a nivel mental-emocional es abusar de los sistemas físicos del cuerpo, lo cual incluye una dieta deficiente y falta de sueño.
  • Dé a la mente mucho material edificante (muchas veces espiritualmente-centrado) para leer. La literatura podría incluir libros de autoayuda, poesía edificante, la Torá, el Nuevo Testamento, etc. Cayce a menudo ha dicho, “la mente es el constructor” y en lo que nos centramos se convierte en una parte de nosotros.
  • Trabaje con la oración. Imagínese rodeado de una “luz blanca de protección” cada vez que se siente preocupado por una experiencia. También puede pedir a los amigos, la familia, a un ministro, a un rabino que recen contigo o para ti.
  • Rechace la fascinación por las experiencias. Con bastante frecuencia los individuos deben superar su intriga por esas experiencias, a pesar de su aversión a ello, antes de que la curación tenga lugar.
  • Encuentre un consejero o terapeuta con quien pueda hablar. Este terapeuta probablemente debería estar familiarizado con la psicología de Jung, lo paranormal, o al menos estar abierto a lo desconocido.

SÍ, las personas pueden valerse de las experiencias psíquicas seguras a través de una variedad de medios, pero la ouija, la escritura automática, y el nuevo reto Charlie-Charlie puede ser muy peligroso y no es en absoluto constructivo o útil. En su lugar, trate de escribir una pregunta, lea la pregunta antes de ir a la cama, y luego sueñe con ella.

Alternativamente, usted puede jugar un juego psíquico seguro recomendado por Edgar Cayce. Según Cayce, si las personas realmente quieren tener una experiencia psíquica, necesitan trabajar con un amigo durante veinte días. Al mismo tiempo cada día, cada individuo se sienta en silencio quienquiera que sea él o ella y piense en la otra persona. Cada individuo trata de imaginar a la otra persona y sentir lo que la otra persona había estado haciendo justo antes de la hora acordada para el ejercicio diario. Esto se repite todos los días durante veinte días. Según Cayce, al final de los veinte días, usted habrá adquirido una experiencia de primera mano de comprensión de una conexión psíquica.

Kevin Kevin J. TodeschiJ. Todeschi es Director Ejecutivo y CEO de la obra de Edgar Cayce (EdgarCayce.org). Como estudiante y  maestro del material de Edgar Cayce por más de 35 años, es el autor de más de 25 libros, entre ellos el best seller Edgar Cayce Edgar Cayce On the Akashic Records, Dream Images and Symbols, y su libro más reciente (con Henry Reed), Contemporary Cayce.

El diagnóstico de una simple gota de sangre

El diagnóstico de una simple gota de sangre Por Kevin J. Todeschi

Un artículo reciente en The Wall Street Journal titulado ” Elizabeth Holmes: El descubrimiento de un diagnóstico instantáneo” me sonaba extrañamente familiar. En el artículo del 8 de septiembre de 2013, José Rago entrevistó a Elizabeth Holmes, de 29 años de edad, química e ingeniera eléctrica y empresaria sobre la empresa Theranos, que fundó en 2003. Theranos está desarrollando un invento empresarial que podría revolucionar la medicina y diagnosticar cualquier enfermedad mediante el procesamiento de más de 1.000 pruebas de laboratorio en una sola gota de sangre. El objetivo a largo plazo de la Sra. Holmes es proporcionar de manera rentable y con alta precisión servicios de diagnóstico sencillos a cada hogar estadounidense.

Hace más de 85 años Edgar Cayce entró en estado de trance para ayudar a una mujer de 46 años de edad que sufría de tumores pélvicos y quistes ováricos. Durante el curso de la lectura psíquica de la mujer, Cayce previó el uso de sangre como un instrumento de diagnóstico, e incluso la posibilidad de diagnosticar cualquier enfermedad con una sola gota de sangre:

“Porque, como se ve, no hay ninguna condición en el cuerpo cuyo reflejo de la misma no pueda ser rastreada en el suministro de sangre, porque no solo el flujo de sangre contiene las fuerzas de reconstrucción del cuerpo, sino que también lleva las fuerzas usadas para eliminar los productos de deshecho a través de sus canales propios en las diversas partes del sistema… por lo tanto se ve siempre en la sangre la reflexión o evidencia de la condición llevada a cabo en el cuerpo físico. El día ha de llegar cuando uno pueda tomar una gota de sangre y diagnosticar la condición de cualquier cuerpo físico…”(Lectura 283-2)

A pesar de que pudiera haber parecido ciencia ficción en 1927 cuando se hizo esta lectura, esta posibilidad se ha convertido en un hecho científico para muchas enfermedades hoy en día. Los análisis de sangre se utilizan comúnmente para diagnosticar enfermedades como el cáncer, el SIDA, la diabetes, la anemia, y la enfermedad cardíaca coronaria. Las pruebas pueden evaluar la función de los órganos, como los riñones, el hígado, la tiroides y el corazón, e incluso la pantalla de los factores de riesgo para enfermedades del corazón. Con la evolución de la tecnología, especialmente lo que ofrece Theranos, ahora parecemos movernos en esa dirección y estar más cerca de la posibilidad de un diagnóstico de cualquier enfermedad en una gota de sangre como fue predecido por Edgar Cayce.

Casi el 70 por ciento de las lecturas de Cayce estaban centradas en el diagnóstico de la enfermedad y en el tipo de tratamiento. Estas lecturas todavía están siendo estudiadas en Virginia Beach, Virginia, y en todo el mundo (que tiene acceso a todas las lecturas a través de nuestra sección de membrecía única y en DVD- Rom). Para muchos, Cayce era la última esperanza ante una enfermedad diagnosticada por reconocidas instituciones médicas como incurable. A pesar de que él no tuvo ningún entrenamiento médico, cuando entraba en estado de trance, era capaz de aprovechar una fuente inagotable de información médica. Podía diagnosticar con exactitud la enfermedad y determinar un tratamiento para las personas que nunca había conocido o visto.

Desde 1901, la información de las lecturas de Cayce ha sido explorada por individuos de todos los orígenes y disciplinas imaginables. A lo largo de los últimos 100 años, más o menos, el amplio alcance de la información ofrecida por Cayce ha llegado a la atención de educadores, historiadores, teólogos, médicos y científicos. Sin duda, parte de la atracción ha sido que, independientemente del campo de estudio, Cayce ha demostrado constantemente estar años por delante de su tiempo.

For English version, visit: EdgarCayce.org/blog.

Kevin J. TodeschiKevin J. Todeschi es el Director Ejecutivo y Director General de A.R.E. de Edgar Cayce y de la Universidad Atlántica, así como autor y orador de conferencias populares. Como estudiante y profesor de la materia de Cayce hace más de treinta años, ha dado conferencias en los cinco continentes. Es un escritor prolífico, autor de veinte libros, entre ellos los best-sellers Edgar Cayce y los Registros Akáshicos, Edgar Cayce sobre Auras y colores, y Contemporary Cayce.

Un niño poco usual

Edgar Cayce: Hombre de Milagrospor Joseph Millard

Por algún misterioso motivo, el cual nunca fue explicado, los granjeros del condado de Christian en el estado de Kentucky siempre habían sido acosados por el nacimiento de animales con características monstruosas. Una puerca absolutamente normal podía parir cerditos con dos colas o con el hocico hendido o con orejas de menos. Una vaca podía dar a luz un engendro de dos cabezas. En un caso de extremada aberración, un granjero se escandalizó al recibir de la traviesa naturaleza el único ternero de siete patas del que hubiera registro.

En los años que siguieron, muchas personas decían estar firmemente convencidas de que el fenómeno más espectacular de todos los tiempos surgido del condado de Christian era el hijo del joven Leslie B. Cayce y su esposa Carrie, nacido una tarde de marzo de 1877. Los orgullosos padres lo llamaron Edgar en honor a uno de los hermanos de Leslie. Se veía tan normal y saludable con nada fuera de lo ordinario como cualquier otro recién nacido, y berreaba igual de fuerte.

En todo el pueblo y sus alrededores había muchos individuos con el apellido de Cayce, y se decía que nadie podía seguirles el rastro a todos, ni siquiera el abuelo Cayce, el patriarca del clan. Inclusive la abuela, su propia esposa, había tenido ancestros Cayce unas generaciones antes. Apenas supieron que el hijo de Leslie había llegado al mundo, se dirigieron en masa a verlo.

Leslie, que acababa de cumplir veintitrés años, abrió un barril de güisqui y puso a circular un vaso de hojalata mientras festejaba y se jactaba de su hijo, echándose un trago cuando le llegaba su turno.

  • Mi hijo va a dejar su huella en el mundo algún día, ya verán. Basta con oírlo berrear. ¿Alguna vez oyeron a un bebé con un par de pulmones más potentes? Poco tiempo después el niño hizo una demostración nocturna de potencia pulmonar. Tanto berreó y berreó que los nervios de Leslie se crisparon y su esposa estuvo al borde de la histeria.
  • ¡No sé que tiene el bebé! —se lamentaba la mujer retorciéndose las manos—. ¡No deja de llorar!
  • Entonces, por amor de Dios, ¡haz algo! —bramó Leslie—, antes de que estos berridos me saquen totalmente de quicio. La mujer hizo varios intentos pero nada parecía funcionar. Más tarde, hacia la medianoche, se escucharon unos golpes en la puerta. Era Emily, una anciana negra, empleada de la hacienda. Había llegado fumando su pipa de corazón de mazorca seca.
  • Doña Carrie, he oído llorar al bebé y creo que sé cuál es el problema —dijo la anciana con mucha calma. —Por favor, ¡dinos! —le rogó Carrie Cayce—, que estoy a punto de enloquecer.
  • Vamos a ver —dijo la anciana.

Se sentó junto a la cuna y, dándole un jalón profundo a su pipa de mazorca, produjo una fragante nube de humo de tabaco que acarició las plantas de los piecitos de Edgar. La tercera vez que lo hizo, el bebé dejó de llorar y se quedó dormido. Fue el último ataque de cólicos que tuvo la criatura.

Desde el día en que dio sus primeros pasos, Edgar reveló un notable talento para meterse en líos. A sus agobiados padres les parecía que cada vez que perdían la vista de él por un instante, un nuevo estrépito acompañado de un alarido anunciaban el siguiente desastre. Una tarde se las arregló para abrir la puerta principal de la casa y salir gateando durante un chaparrón torrencial: terminó cayendo al lodo desde la tarima de la entrada. En otra ocasión cayó en un estanque, cómo logró salir es un misterio, ya que era demasiado pequeño como para saber nadar. Finalmente, en un momento de desesperación, su padre contrató a un vecino de once años llamado Ned para que se ocupara de acompañar y cuidar a Edgar. Tras esto, su padre pudo dedicar más tiempo y atención a su nuevo e importante papel en la comunidad.

A Leslie Cayce lo habían elegido como juez de paz, un gran honor para alguien tan joven. Ahora lo llamaban «Juez Cayce»; título que mantuvo durante toda la vida. Comenzó a comportarse con gran dignidad y a pasar cada vez más tiempo en la tienda del cruce de rutas que pertenecía a su hermano, para hablar de política con otros hombres y dar sus opiniones con tono firme y autoritario.

Nunca fue un hombre con tendencia a demostrar afecto o calidez hacia su hijo, no tuvieron una relación de camaradería. Edgar sentía cierto temor reverencial hacia este rígido jefe de familia. Leslie tenía ideas muy firmes, creía distinguir sabiamente entre el bien y el mal, y no toleraba desvíos.

Carrie Cayce era exactamente lo opuesto: una mujer dulce y gentil, paciente y comprensiva, con un carácter que incluía notas de misticismo. Comprendía a su hijo como nadie. Lo animaba cuando se desalentaba y le indicaba el camino correcto cuando estaba confundido. Sin sus sabios consejos espirituales, tal vez los extraños poderes de Edgar Cayce nunca se hubieran desarrollado, o quizá se hubieran malgastado o convertido en fuerzas destructivas.

Además de su madre, quienes mejor lo comprendían eran la abuela y el abuelo Cayce, con quienes se sentía muy cercano. La abuela se parecía a Carrie Cayce en muchas cosas. Ambas poseían la misma sensibilidad para detectar sentimientos e impresiones demasiado sutiles para la mente común.

El abuelo era de esos hombres que más de uno considera extraño de cabo a rabo. Por un lado, era un zahorí de renombre en el condado. A menudo, los vecinos acudían a la granja y le preguntaban al abuelo dónde deberían excavar sus pozos para encontrar agua de buena calidad y de fácil acceso. A veces su nieto lo acompañaba en estas expediciones.

Durante el camino, el abuelo se detenía y cortaba una horquilla delgada de hamamelis, «el arbusto adivino», y la deshojaba. Cuando llegaba al sitio donde alguien deseaba abrir un pozo, el abuelo cogía los dos extremos de la horquilla de hamamelis, la sostenía frente a su pecho y mantenía el garrón de la rama principal apuntando bien hacia el frente. Luego, mientras Edgar corría sin aliento a su lado y los hombres lo seguían de cerca, comenzaba a pasearse detenidamente sobre el área elegida. De repente exclamaba: «¡Momento, muchachos! Creo que empiezo a sentir algo».

En ese momento comenzaba a moverse con más lentitud y cuidado, hasta que Edgar veía que la horquilla de hamamelis se estremecía y se sacudía hacia abajo. El abuelo indicaba excavar en ese lugar. Poco después, los hombres encontraban agua pura, abundante y cerca de la superficie. El abuelo podía hacer otras cosas aún más extrañas. Uno de los primeros recuerdos de Edgar era haber visto cómo el abuelo hacía que una mesa pesada se elevara en el aire, tras haber apenas rozado la tabla con los dedos. En otras ocasiones, se ponía de pie y clavaba la vista por un minuto en una escoba que estaba apoyada contra la pared. De repente, la escoba se enderezaba y comenzaba a danzar por toda la habitación sin que hubiera nadie cerca. Al ver estas cosas, el pequeño Edgar sentía a la vez fascinación y temor. «Abuelito, ¿cómo lo haces?», le decía. «¿Por qué pasa eso? ¿Me enseñas cómo hacerlo?». Y el abuelo le decía: «Muchacho, no tengo idea de dónde viene este poder, pero no hay que tomarlo a la ligera». El abuelo había hecho estos trucos en algunas fiestas cuando era más joven, pero poco a poco comenzó a tener más reservas hasta que en un momento determinado, cuando Edgar era muy pequeño, decidió no volver a hacerlo más: «No sé qué es ni de dónde viene, pero este poder es algo demasiado grande como para andar malgastándolo en vanas demostraciones. No sé porqué se me fue dada esta misteriosa habilidad, pero no volveré a burlarme de ella». El abuelo murió poco después de decir estas palabras, ante los ojitos atónitos de su pequeño nieto.

Ocurrió en el mes de junio, después del cuarto cumpleaños del niño, cuando los dos habían salido a caballo para efectuar algunas tareas en el campo. El abuelo iba sentado en la montura de su gran caballo, con Edgar rebotando detrás de él, como solían cabalgar juntos. El niño hacía lo que podía para aferrarse al cinturón de su abuelo. En el regreso a casa, pasaron por un estanque profundo. El sol estaba bien alto, y los pantalones de Edgar se habían empapado con el sudor del animal.

—Voy a dejar que el caballo beba un poco de agua en el estanque —dijo el abuelo—. Es mejor que te bajes y aguardes en la sombra. A veces el agua lo pone un poco nervioso. Edgar descendió del caballo y observó cómo, sin desmontar, el abuelo guiaba al cuadrúpedo hasta el agua limpia, más allá de las matas de totoras y los macizos de lirios. El caballo arqueó el cuello y comenzó a beber con avidez. De repente algo asustó al animal, una rana o una tortuga o tal vez su propio reflejo ondulante. El caballo se encabritó y entre furiosos relinchos alzó las patas delanteras por el aire. Sus cascos quebraron la superficie del estanque al descender con fuerza. Luego cambió de dirección y encaró embravecido hacia la orilla. Mientras tanto el abuelo se mantenía en la silla, tiraba de las riendas y le decía:

«¡Tranquilo! ¡Quieto! ¡Quieto!». El caballo giró velozmente sobre las patas traseras y volvió a hundir los cascos en el estanque. Temblando de miedo, Edgar vio como el caballo tropezaba. Al detenerse en seco, se inclinó hacia delante con tal fuerza que la cincha se partió en dos. El abuelo y su montura fueron lanzados con fuerza por sobre el cuello del animal y cayeron al agua. Aún más aterrorizado, el caballo volvió a encabritarse e hizo impacto con sus cascos en el sitio exacto donde yacía el abuelo. Luego dio media vuelta y se alejó a galope con las riendas sueltas.

Edgar corrió a la orilla del estanque y llamó al abuelo lo más fuerte que pudo. No hubo respuesta. Únicamente pudo ver que una masa informe sobresalía bajo la superficie ondulante y que el agua comenzaba a teñirse de rojo. Se dio cuenta de que algo andaba terriblemente mal. Comenzó a llorar y corrió a casa lo más rápido que pudo. A la mañana siguiente, vio a todos sus familiares que lloraban reunidos alrededor de un gran cajón en el vestíbulo. Le costaba comprender lo que le decían: que el abuelo había muerto. Para Edgar lo único que estaba claro era que el abuelo no iba a cumplir con la promesa de llevarlo a cazar en el otoño y dejarlo disparar con un arma verdadera por primera vez. Pasarían varios meses antes de que el abuelo volviera a la granja y le explicara por qué no había podido hacer lo prometido.

Después del funeral, Leslie y su familia fueron a vivir con la abuela, ya que la casa era demasiado grande para ella sola. A Edgar le gustó el cambio porque con la abuela podía hablar de cosas que nadie salvo su madre entendía. El Juez se había hecho cargo de la tienda del cruce de rutas y Carrie Cayce se encontraba ocupada dándole a Edgar nuevas hermanas a intervalos mínimos. De todos modos, siempre encontraba tiempo para hablar con él y darle impulso a sus sueños.

Edgar se estaba convirtiendo en un niño serio, flacucho e intenso que prefería acurrucarse en un rincón y escuchar las conversaciones de los hombres antes que corretear con los niños de su edad. Muchos comentaban que parecía más un anciano pequeño que un niño, y algunos miembros de su familia comenzaron a llamarlo «Viejo» en lugar de Edgar.

El Juez realizaba valientes esfuerzos para hablar con su hijo, pero generalmente terminaba desconcertado por las cosas extrañas que el niño decía o preguntaba. Un día, después de esas sesiones de política y filosofía, le contó al grupo acerca de su hijo Edgar.

  • Ese niño pasa demasiado tiempo solo, soñando despierto e imaginando cosas —dijo el Juez preocupado—. Cualquier niño que pase demasiado tiempo en ese estado:
  • tarde o temprano termina algo chiflado. Necesita compañeros de juego que le den una buena tunda y lo hagan salir de sí mismo.
  • Es evidente que no le gustan las canicas ni ningún otro juego —comentó un hombre—. Mis muchachos se la pasan gritando y metiéndose en problemas todo el día. El único momento en que se quedan quietos es cuando tu Edgar los reúne para contarles historias sobre lugares como Egipto y otras cosas que seguramente ha inventado. Lo he escuchado un par de veces y, válgame Dios, cuenta las cosas de un modo tan real que uno creería que ha estado ahí y las ha visto él mismo.
  • Sí, lo sé —asintió el Juez—. Y lo más extraño es que estuve hojeando algunos libros y quedé estupefacto al ver que las cosas que cuenta son absolutamente ciertas. No tengo idea de cómo las aprendió, porque no sabe leer. A veces me lo encuentro parloteando sin cesar en el jardín, totalmente solo. Cuando le pregunto con quién habla, señala hacia delante, tan serio como un juez, y me dice: «¿Cómo con quién? Pues con mis amigos». Hay veces que me da escalofríos. Aquellos encuentros también inquietaron a Edgar en un comienzo. Se preguntaba si su padre y la mayoría de las personas tenían algún problema de visión que les impedía ver a los niños y niñas que venían a jugar con él. Su madre los veía algunas veces, y él presentía que también su abuela podía verlos si se lo proponía.

Eran niños de su edad que aparecían quién sabe de dónde, y todos los días venían a visitarlo, siempre y cuando estuviera solo. Si alguien se acercaba, sencillamente desaparecían. A veces jugaban juegos muy animados, pero con frecuencia se sentaban a contar historias. Después de un tiempo, cuando comenzó a comprender por qué las demás personas no podían ver a sus amigos, ellos le dijeron que ya estaba demasiado grande para que lo continuaran visitando. Desde ese día, Edgar no los volvió a ver. Cierto día, mientras jugaba muy cerca del secadero de tabaco, escuchó una voz muy familiar que lo saludaba: «¡Qué tal, Viejo!».

Se volvió, y allí estaba el abuelo, sonriéndole como siempre. La única diferencia era que su cuerpo no parecía del todo sólido. Hablaron durante largo rato, tal como solían hacerlo antes del accidente. El abuelo había estado observando la plantación de tabaco, según dijo, y le explicó a Edgar por qué no había podido llevarlo de cacería. Desde aquel día, el abuelo venía a menudo, y las largos diálogos que mantenían eran realmente fabulosos. Edgar les contó a su madre y a la abuela acerca de estas visitas, y ninguna de ellas se mostró sorprendida, pero algo en su interior le advirtió que quizá fuera mejor no confiarle esta información al Juez.

Fue por aquel entonces que un anciano negro que trabajaba como leñador en la granja se sentó junto a Edgar durante veinte minutos y produjo un cambio de rumbo radical en la vida del joven Cayce. Este hombre le contó una historia de la Biblia con todo el dramatismo y esmero que un hombre es capaz de imprimirle a su vivencia religiosa. Edgar quedó maravillado. Nunca había escuchado una historia más extraordinaria ni más apasionante. Cuando el relato llegó a su fin, corrió hasta donde estaba su madre.

La Biblia está llena de historias como esa —le aseguró su madre—. Si tanto te gustan, puedo leerte o contarte muchas más.

A partir de aquel día, en los momentos en que no estaba ocupada atendiendo a las bebés, comenzó a leerle a su hijo las antiguas historias. A Edgar le gustaban todas, sin excepción, y creía todo lo que escuchaba sin cuestionamientos.

  • Quiero aprender a leer —dijo entusiasmado—. Así podré leer toda la Biblia sin ayuda. —Te lo aconsejo —le respondió su madre—, así jamás te sentirás solo y nunca equivocarás el camino. Durante una noche que resultó ser terriblemente agitada, la casa de la familia se incendió y quedó completamente destruida. Nadie resultó herido, pero debieron separarse para alojarse en casa de distintos parientes hasta que la casa pudiera ser reconstruida. Edgar fue a vivir con una tía que en muchos aspectos era muy parecida a su padre el Juez. En un desafortunado momento de confidencias, Edgar le contó sobre sus compañeros de juego imaginarios y las visitas del abuelo. La tía se puso furiosa.
  • Edgar Cayce, ¿acaso no sabes que está muy mal dejarse llevar por la imaginación y contar fantasías como si fueran ciertas? Debería darte vergüenza. Sabes muy bien que las personas muertas no regresan ni hablan con los niños.
  • No veo que tenga nada de malo —contestó Edgar—. Es la verdad. Mi mamá también ve a mis amigos, y estoy seguro de que vería al abuelo si anduviera por allí cuando él viene.
  • ¡Tu mamá! —dijo su tía con los labios lívidos por el enojo—. Todo esto es culpa de ella. Voy a hablarle muy seriamente acerca de seguirte la corriente con todas estas tonterías. Lo único que conseguirá es confundirte más. Nunca supo bien qué hizo su madre para manejar la situación, pero Edgar aprendió la lección y nunca volvió a hablar con otras personas sobre sus experiencias. Comenzaba a percibir que él, su madre y su abuela convivían en un mundo diferente, separados del resto por una suerte de abismo extraño e invisible. En casa de su tía extrañaba las historias bíblicas que le leía su madre, hasta que encontró un maravilloso sustituto: La tía tenía una enorme Biblia familiar, tan grande que él apenas podía levantarla, llena de ilustraciones realizadas por Doré. Las imágenes de los grabados le resultaban apasionantes. Pasaba horas sentado mirando las ilustraciones y reconstruyendo para sí las maravillosas historias. Aquel invierno, a la edad de siete años, tuvo la oportunidad de aprender a leer.

Texto de Edgar Cayce: Hombre de Milagros.

Más http://www.edgarcayce.org/espanol/.

Mi introducción a Edgar Cayce

Por John Van Auken

Edgar Cayce Edgar Cayce Cómo desarrollar la habilidad psíquica.

Leí por primera vez acerca de Edgar Cayce cuando tenía dieciséis años. Mi padre, un oficial de la Marina, había sido trasladado a Virginia Beach, Virginia – sede de la Fundación Edgar Cayce y la Asociación para la Investigación y la Iluminación, fundada por Edgar Cayce en 1931. El libro era El Profeta Durmiente de Jess Stearn, periodista y autor de más de treinta libros, nueve de los cuales alcanzaron el éxito de ser bestsellers. Pero no fue hasta que llegué a la universidad cuando realmente comencé a estudiar la obra de Cayce. El profesor de mi clase de escritura nos asignó escribir sobre un misterio, y ya que mi madre me había hablado de la misteriosa historia de Bridey Murphy, pensé que sería un buen tema para comenzar mi investigación para ese curso.

Bridey Murphy fue el presunto nombre de la vida pasada de una mujer en los 1800. Era una irlandesa que se murió y volvió a reencarnarse en los Estados Unidos 59 años después. El libro era The Search for Bridey Murphy de Morey Bernstein (publicado en 1952 que se convirtió en una película en 1956, protagonizada por la actriz ganadora de un óscar- Teresa Wright). Se trata de la fascinante historia de la ama de casa de Virginia Tighe (llamada Ruth Simmons en el libro y en la película), quien bajo hipnosis, recordó (o prácticamente revivió) su aparente vida pasada como Bridey Murphy. La historia hipnótica de Tighe (grabada en una cinta de casete) se inició en 1806, cuando Bridey tenía ocho años y vivía en, o cerca de Cork, Irlanda. Ella era la hija de Duncan Murphy, un abogado, y su esposa Kathleen. A la edad de 17 años, se casó con el abogado Sean Brian McCarthy y se trasladó a Belfast. Tighe habló de una estación severa de otoño que causó la muerte de Bridey y ver su propio funeral. Ella describió su lápida y el estado de estar vivo después de su muerte -o, más precisamente, después de la muerte en su cuerpo en 1864. Ella dijo que no sentía dolor o tristeza. Después, de alguna manera, ella volvió a nacer en el medio oeste de los EE.UU. en 1923. En esta vida, nunca había estado en Irlanda y no hablaba con el más mínimo acento irlandés -excepto cuando estaba bajo hipnosis y “volvía a vivir” la encarnación de Bridey! Luego habló con un acento irlandés. En el libro de Bernstein, se refirió a Edgar Cayce y a sus notables habilidades, explicando que él había investigado a Cayce y no pudo encontrar fraude o engaño en su proceso. Pensó que, por imposible que parezca, los volúmenes de información en detalle que vienen a través Cayce sobre vidas pasadas no podían ser otra cosa que válidos. Leyendo esto, me decidí a escribir mi artículo sobre el misterio de Edgar Cayce. Debido a que contenía tantos ejemplos de lecturas de Cayce sobre vidas pasadas y karma que afectó a las vidas de las personas presentes, opté por usar el libro más vendido, Muchas Moradas de Gina Cerminara. Tengo una “A” en mi ensayo. Pero más que eso, he desarrollado una gran afición por la información Edgar Cayce sobre vidas pasadas y karma.

Con los años, he leído la mayoría de los libros acerca de Edgar Cayce que existen. Y aunque el “gancho” inicial que me metió en los volúmenes de Cayce era la reencarnación y el karma, fue la mística y la espiritualidad mágica que llena sus discursos lo que en última instancia se convirtió en carne y hueso de mi alma. Mi alma y mente estaban siendo alimentadas por su espiritualidad. No pude conseguir suficiente de su sabiduría y de historias, a pesar de que estaba repleto del lenguaje bíblico de King James y de la terminología cristiana y sus conceptos, cosas que hace mucho tiempo había considerado inadecuadas y muchas veces con prejuicios, incluso racistas y sexistas, y con una terrible historia de violencia. Pero la perspectiva de Cayce sobre los conceptos cristianos era tan abierta y tan amplia, que más allá de los dogmas de la iglesia, doctrina y actos históricos, no podía tener suficiente de él. Sus enseñanzas incluyen budismo e hinduismo. De hecho, él enseñó que cualquier fe que enseña la hermandad de toda la humanidad y de la unicidad de Dios estaba llevando el mensaje de la verdad. En mis veinte años, esto era exactamente lo que yo sentía. Sus convicciones hallaron un lugar sensible y receptivo dentro de mí. Y la organización que construyó en torno a su obra estaba abierta a todas las personas de diferentes orígenes y creencias. Eran personas “normales”, no sectarias, que no viven en los márgenes de la vida, pero están bastante extendidas en nuestra sociedad. Ahora, después de más de cuarenta años de trabajo con el material y los conceptos de Cayce, y la práctica de ellos en mi vida diaria, he reunido algunos de los elementos clave de su espiritualidad en este libro. También he añadido las maravillas descubiertas por la ciencia -maravillas de la vida y la realidad exterior, así como maravillas de la vida interior y de los reinos invisibles. Y al escribir este libro, el material ha vuelto a encender esa llama de entusiasmo que yo tenía a mis veinte años cuando me encontré por primera vez con estas ideas y su gran visión expansiva acerca del propósito y el significado de la vida – la vida del alma. Sinceramente, nunca habría llegado a la conciencia, la vibración y la paz que disfruto hoy en día, sin hablar de la calidad de la gente con la que comparto mi vida, sin haber estudiado y vivido este material. Espero que tú encuentres la luz y la inspiración que yo encontré.

John Van AukenJohn Van Auken es director de A.R.E. y es uno de los oradores más populares de la organización. Viaja a través de los EE.UU. y por el extranjero para responder al público sobre los temas cuerpo-mente-espíritu que se encuentran en las lecturas de Edgar Cayce. Él es un reconocido experto en las lecturas de Cayce, la Biblia, las profecías antiguas, las religiones del mundo, la meditación y el antiguo Egipto. John da seminarios en los EE.UU. y en el extranjero, y es un guía de muchos sitios sagrados alrededor del mundo. Su último libro, Edgar Cayce on the Spiritual Forces Within You ya está disponible para su compra en ARECatalog.com.

Crecimiento espiritual, oración y meditación

oración¿Qué dicen las lecturas de Edgar Cayce sobre el crecimiento espiritual, la oración y la meditación?

Uno de los temas fundamentales de las lecturas se refiere a nuestra relación con la Fuerza Creadora. Por esta razón, durante once años, de 1931 a 1942, Edgar Cayce dictó una serie de ciento treinta lecturas a un grupo de personas interesadas en las leyes espirituales (el Grupo de Estudio n.° 1). Al principio, ciertos miembros del grupo sólo querían aprender a desarrollar sus poderes psíquicos. Cayce les dijo que, más bien, debían esforzarse por progresar espiritualmente. Les explicó que, según sus necesidades personales y el motivo de su presente encarnación, sus facultades extrasensoriales resultarían de su perseverancia en analizar y poner en práctica los principios universales.

La información compilada por el Grupo de Estudio n.° 1 a partir de esa serie de lecturas dio lugar al libro “En busca de Dios”, el cual expone conceptos espirituales aplicables en la vida cotidiana. El mismo nos despierta a la verdad, nos hace entender nuestra auténtica naturaleza divina y nos conduce hacia la Luz. Nos revela el propósito de la existencia y nos ayuda a cumplir nuestra misión en la tierra. Nos brinda paz, esperanza y la sublime felicidad de sentirnos en armonía con el Creador y con nuestros semejantes. Mostrándonos que formamos parte de Dios y somos uno en Él, nos alienta a contribuir a la edificación de un mundo mejor y a convertirnos en nobles instrumentos de la voluntad del Señor, en puras expresiones del amor universal. Los preceptos que ofrece han sido acogidos por gente de todas las tendencias religiosas. Continúan inspirando y transformando a innumerables personas, permitiéndoles elevar su nivel de conciencia a través de la oración, la meditación, la cooperación, la fe, la paciencia y el altruismo. Hoy en día, existen en el mundo muchos ‘grupos de estudio’ – nombre genérico de los grupos de discusión que se reúnen semanalmente para profundizar en los temas abordados en las lecturas de Edgar Cayce.

Según Cayce, somos seres espirituales actualmente encarnados en la tierra. En efecto, el hombre no es un cuerpo físico dotado de un alma, sino un alma que se encuentra en la materia a fin de sacar provecho de sus experiencias y de retornar a la Fuente suprema. En la Biblia también, vemos que el ser espiritual (Génesis 1) fue creado antes que el ser físico (Génesis 2). Puesto que comprender y manifestar nuestra verdadera relación con Dios y la Creación constituyen la finalidad de nuestra presencia sobre la tierra, deberíamos meditar regularmente. Notemos que Cayce ya mencionaba y recomendaba la meditación en 1921, cuando la mayoría de la gente en el mundo occidental ni siquiera sabía lo que era. Se empezó a hablar de la misma en los años 1970, aunque para muchos siguió siendo una noción extraña, propia de las religiones orientales. Desde entonces, abundantes investigaciones clínicas han demostrado su influencia positiva sobre la salud y el bienestar en general. Numerosos médicos la reconocen ahora como una manera eficaz de reducir la hipertensión arterial, de disminuir el estrés y de lograr más serenidad.

meditación

Meditar consiste en aquietar el cuerpo y la mente, y en cesar de concentrar nuestra atención en el mundo exterior, a fin de unirnos a Dios en el silencio de nuestro santuario interior. La meditación actúa favorablemente en el plano físico, relajando el cuerpo; en el plano mental, calmando los pensamientos y las ansiedades; y en el plano espiritual, renovando la energía vital y estimulando nuestros atributos divinos. Esto nos permite llevar una existencia más útil, mejorar nuestras relaciones con las personas que nos rodean y enfrentar con ánimo las dificultades que se presentan. Al dedicar cada día un rato a liberar la mente de las múltiples preocupaciones que la asaltan, vamos recobrando la plena conciencia de nuestra esencia divina. Podemos decir que orar es dirigirnos a Dios y hablarle, mientras que meditar significa escuchar a Dios, dejando que nos instruya y nos guíe la parte de nuestro ser que se halla en constante comunión con el Infinito.

Aplicando algunas reglas sencillas, la meditación está al alcance de todos, e incluso los principiantes perciben los efectos beneficiosos de un período de silencio motivado por un ideal elevado.

  • La primera etapa requiere que se adopte una posición confortable; por ejemplo, sentarse en una silla, con la espalda recta, los pies planos en el suelo, los ojos cerrados y las manos en el regazo o a los costados. Empezar a relajarse efectuando respiraciones lentas y profundas – inspirar hondo y retener un poco el aire en los pulmones antes de espirar despacio. Al mismo tiempo, ir buscando con la mente las tensiones existentes en el cuerpo, y sucesivamente eliminarlas usando la imaginación o masajeando las zonas correspondientes con la yema de los dedos.
  • La segunda etapa radica en concentrarse en un pensamiento pacífico e inspirador, llamado ‘afirmación’: por ejemplo, “la paz me envuelve y reina en mí”, “estoy en un estado de relajación total”, un versículo de la Biblia, un aforismo espiritual como “Dios es Amor”. Conviene impedir que la mente vagabundee o se extravíe en las tareas a desempeñar, lo que acaba de ocurrir en el trabajo, u otras consideraciones. Después de reflexionar sobre el mensaje de la afirmación, analizando cada palabra con cuidado, es necesario impregnarse de su significado. En efecto, las impresiones experimentadas en el ser interior impactan mucho más que las palabras mismas. Así, no basta con repetir “Dios es Amor”, pues es el sentimiento que acompaña esta aserción el que le da su fuerza y su amplitud.
  • La tercera etapa representa la meditación en sí. Consiste en permanecer en silencio, sumergiéndose en los sentimientos producidos por la afirmación. En cuanto la mente se desvía, es indispensable volver a concentrarse, primero en el sentido de las palabras de la afirmación y luego en los sentimientos que éstas suscitan. No desalentarse si la mente divaga: poder fijar la atención en un solo pensamiento exige tiempo. Al principio, observar períodos de silencio de unos cinco minutos, pero ir aumentándolos hasta quince o veinte minutos después de cierto entrenamiento.
  • La cuarta etapa precisa que se envíen buenos pensamientos u oraciones a otras personas antes de concluir la sesión de meditación. Por ejemplo, en el caso de haber elegido el amor como tema central, dirigir este sentimiento hacia los seres queridos y quienquiera que lo necesite.

Practicándola cotidianamente, la meditación se hace cada vez más fácil, y la quietud que emana de esos momentos de concentración silenciosa y de recogimiento se refleja en todos los aspectos de la vida.

A diferencia de quienes sostienen que la mente debe quedar inactiva, porque se deja distraer y altera el proceso de meditación, Cayce declara en las lecturas que el poder creador de la mente puede utilizarse de manera adecuada para alcanzar un alto grado de armonización con la Fuente Universal.

Meditar regularmente propicia la curación física, mental y espiritual. Gracias a las afirmaciones constructivas que empleamos y al ideal que mantenemos durante la meditación, nuestras tendencias negativas desaparecen, siendo reemplazadas por actitudes más positivas.

Por lo general, desperdiciamos horas en ocupaciones que ningún beneficio nos aportan, mientras que un ratito reservado a la oración y a la meditación nos proporcionaría más paz, alegría y plenitud que cualquier otra actividad. Busquemos primero el reino de los cielos, que está dentro de nosotros. La palabra y las promesas divinas son eternas: invoquemos al Señor, sabiendo que somos el templo del Dios viviente, que el Todopoderoso reside en nuestro santuario interior.[1] En el silencio de la meditación, una vez relajado el cuerpo, serena la mente y olvidadas las preocupaciones, nos abrimos a nuestra naturaleza espiritual y nos unimos a la Fuerza Creadora.

Las lecturas de Edgar Cayce subrayan que todos deberíamos meditar, pues la comunión con Dios es primordial. En efecto, el alma, nuestro ser superior, no se complace sino en lo divino y aspira a morar en el seno del Creador. La meditación asidua nos ayuda a comprender y manifestar nuestra relación íntima con el Señor, a aplicar los principios universales en la vida diaria, a distinguir la omnipresencia de Dios, y a prepararnos para que la transición que llamamos muerte constituya un paso adicional hacia el entendimiento cada vez más perfecto del Padre.[2]

1. Véase “En busca de Dios”, libro 1; capítulo “La meditación”; edición 1998, p. 23.
2. Véase “En busca de Dios”, libro 1; capítulo “La meditación”; edición 1998, p. 24.

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